Jarro de agua fríaAntonio Casado20/02/06Después de haber calentado el ambiente, como los entrenadores en vísperas del partido del siglo, el Gobierno nos pide
"rigor", "prudencia", "responsabilidad" y que cesen las
"especulaciones". Lo que no hizo
Zapatero se lo pide a los demás.
Para que no falte de nada, ETA vuelve donde solía, donde estuvo siempre. Su jarro de agua fría del pasado fin de semana le habrá helado la sonrisa a unos cuantos. En su comunicado vincula la paz al cambio del marco político. Y en este caso no se puede decir que ETA no es lo mismo que Batasuna porque un significado dirigente de esta organización ilegalizada,
Pernando Barrena, desde Dublín, por su parte, ha vinculado el desarme de ETA con el derecho de autodeterminación.
A pesar del
"mazazo" de ETA (
Llamazares dixit), el debate anda de lo más animado. Innecesario, retórico, superfluo debate, mientras no se anuncie un creíble adiós a las armas. Pero nadie se lo quiere perder. Los nacionalistas apuestan por una paz
"sin vencedores ni vencidos" (¿olvidar tanta sangre, tanta miseria moral?, no, gracias) y los no nacionalistas están divididos. El PP aboga por la derrota incondicional de ETA y el Gobierno socialista apela al
"final dialogado" de la violencia en los términos contenidos en la resolución parlamentaria que hace al caso.
Posiciones sobradas de aristas como para mantener la calentura verbal del debate. Lo último es esa estúpida controversia sobre si habrá vencedores y vencidos. Tiene que haberlos. Los habrá. Si vas a la guerra para lograr un objetivo y vuelves sin haberlo conquistado, eres un vencido. El vencido será ETA antes o después. Por imperativo moral (la mirada de las víctimas) y por imperativo legal (reglas del juego en democracia).
La receta quedó resumida por la vicepresidenta del Gobierno,
Fernández de la Vega, tras el Consejo de Ministros del viernes pasado. Uno, mientras ETA siga utilizando la violencia, el Gobierno no negocia ni autoriza a nadie para negociar en su nombre. Y dos, cuando ETA anuncie un creíble adiós a las armas, el presidente del Gobierno acudirá al Parlamento para explicar sus planes.
Se supone que entonces Rodríguez Zapatero informaría al Parlamento de sus intenciones encaminadas a facilitar el desarme de ETA y alfombrar el retorno de Batasuna a la legalidad. Correcto. Pero el presidente del Gobierno no tiene carta blanca para hacer lo que le venga en gana.
Ante la lógica preocupación de millones de españoles de buena fe respecto al precio que Zapatero estaría dispuesto a pagar a cambio de la paz, hemos de recordar que el Gobierno tiene marcado el campo. Las marcas son la resolución del Congreso sobre el
"final dialogado", el Pacto Antiterrorista y la Ley de Partidos Políticos. Suficiente para saber que el precio político está expresamente vetado y que Batasuna solo podrá ser legal cuando condene inequívocamente la violencia o ésta haya desaparecido.
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