ETA, la hora del perdón Gabriel María Otalora21/02/2006
ETA ha dejado claro en su reciente comunicado la petición a todos –a todos los demás, claro- que den pasos
"para pasar de las palabras a los hechos mostrando audacia". No tiene pudor en referirse a la libertad y democracia, que son las dos cosas que nunca ha practicado en su larga trayectoria. Sobre su disposición a dejar las armas, nada de nada.
Sabemos que el tiempo se le ha echado encima a una ETA fuera de la realidad a los ojos de su inmovilismo dogmático. Pero al terrorismo se le puede ganar para la paz; no cabe solo la derrota, como dice la AVT, sin siquiera representar a todas las víctimas. El marco exclusivo de vencedores y vencidos deja pocos huecos al perdón de unos violentos que quieren dejar de serlo. La reconciliación quedaría fuera…
Las víctimas no pueden aspirar a la humillación porque entonces estaríamos en parámetros vengativos o guerreros. Si llegase la rendición de ETA, será una rendición ante sí misma, en primer lugar, y después ante la sociedad en la que ha actuado.
Han fracasado, su tiempo ha terminado hace muchos años y si algo les ha vencido, han sido sus propias actitudes de dictadura violenta. Su mensaje político lo enarbolan partidos políticos que representan el sentir mayoritario desde la libertad y la legitimidad.
Este comunicado muestra el miedo de sus autores a aceptar la realidad como es, y no como les gustaría. Ya pasó la oportunidad de albanizar Euskadi y de usar tácticas que siempre apuntan a los demás por falta de coraje para asumir su responsabilidad. Ya es tiempo de paz y de perdón entendido en su doble faceta: de solicitar el perdón por el daño causado, y de aceptarlo por parte de quien ha sido sujeto del daño recibido, esto es, la sociedad en general y las víctimas en particular. Un perdón en forma de actitud valiente y difícil, pero también sanadora. No se puede volver atrás tanto daño pero es imprescindible darnos una oportunidad para la reconciliación y para el perdón.
Perdonar y aceptar el perdón es actuar con sabiduría. El comunicado de ayer no es de paz, y el mundo de ETA debe reflexionar seriamente, aunque no solo ellos: también todos los que tienen miedo a la paz y los farsantes que pululan en política y que nunca creyeron en ella, mientras callan y aplauden violencias aun peores.