Los frentes del PPRafael Torres17/02/06Del laberinto absurdo en que anda extraviada la actual dirección del PP no se sabe qué asombra más, si la permanencia de
Angel Acebes en la secretaría general o la política ferozmente anticatalana que, por desmedida, absurda y feroz precisamente, pudiera acarrearle consecuencias políticas irreversibles. Los dos frentes abiertos por ese partido tan frentista (el de su virulenta oposición al proceso de paz en el País Vasco y el de su no menos convulsa oposición a la reforma del estatuto catalán) se derrumban por el efecto combinado de la realidad, que describe una voluntad mayoritaria en la sociedad española de apoyar al Gobierno en su búsqueda del cese definitivo de la violencia, y de la fragilidad esencialista, basada exclusivamente en la irracionalidad del
"no" a todo, de sus postulados partidistas.
En el frente anti-negociación, donde sólo cuenta con las armas del
"agit-pop" mediático y de la utilización del grupo de víctimas del terrorismo agavillado en torno al señor
Alcaráz, tiene ante sí, y en sí, el argumento más demoledor en contra: su propio secretario general. En cualquier país medianamente normal del mundo, el político que, siendo ministro del Interior y responsable de la seguridad de los ciudadanos, no alcanzó a prever ni a impedir el peor atentado terrorista que ha sufrido España, el de la carnicería del 11-M, habría reconocido su fracaso, se habría marchado a casa, o, cuando menos, no osaría dar lecciones a nadie de cómo se ha de luchar contra el terror, y mucho menos de cómo vencerle. Pues bien; ese señor es, aquí, el que da esas lecciones que nadie en su sano juicio le pediría.
El otro frente, el de la oposición total y absoluta a las aspiraciones de los catalanes, expresadas por su Parlament en la propuesta de reforma del Estatut, no sólo se derrumba también con las escisiones que está produciendo en la sección catalana del PP (Lloret de Mar, Palamós, Santa Coloma de Farners, el propio
Piqué...), sino que su derrumbe podría imposibilitar en el futuro al partido de
Rajoy la gobernación de España, la conquista de la cual es inconcebible en términos democráticos sin el concurso de Catalunya y sin un mínimo apoyo en ella a los postulados de quien la pretenda.
Hiriendo a los españoles que quieren honestamente la paz y a los catalanes en sus sentimientos de pertenencia, no hace el PP, ni se hace así mismo, ningún bien.
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