La esperanza y los bombazosJosé Cavero
17/02/06
Con toda probabilidad, la situación ante una eventual pacificación en Euskadi nos la ofrecen unos pocos titulares de diarios, como uno vasco que mezcla los dos aspectos contradictorios del momento: los partidos vascos creen que ETA ha decidido dejar las armas, pero apelan a la cautela. La banda hizo estallar una bomba en una localidad vizcaína. Algún otro diario, para explicar las cosas que ocurren en torno a esa situación confusa, ha preferido cambiar sus grandes titulares en ediciones sucesivas:
Zapatero espera una señal de ETA para legalizar Batasuna, decía en la primera edición. Y en la posterior: ETA responde a los rumores de tregua con otra bomba en Vizcaya.
En realidad, uno no sabe a qué carta quedarse, o ante qué clase de información inclinarse. Las esperanzadoras expectativas que trata de vender el jefe del Gobierno o las críticas y augurios de drama que nos brindan
Rajoy y
Acebes, parece que en competencia entre sí para ver quién ofrece la versión más tétrica de la situación que se nos avecina.
Pero, en efecto, la confusión es grande. Muchos, con toda certeza, nos agarramos a la esperanza de que habrá final de la banda, pero es incierta la fecha del anuncio, y mientras tanto, la banda sigue haciendo demostración de sus capacidades de destrucción, aunque por fortuna, no de sus posibilidades de ocasionar muertes, como en los viejos tiempos. Por lo menos, es la ventaja de la situación, y cabe suponer que éste habrá sido uno de los argumentos que el propio Rodríguez Zapatero habrá empleado con los representantes de las asociaciones de víctimas del terrorismo que este viernes acudieron a su despacho de la Moncloa.
Zapatero ha insistido en el respeto profundo que le merecen las víctimas y sus planteamientos, pero les habrá hecho ver que acaso evitar más víctimas del terrorismo exija alguna clase de generosidad del Estado, alguna negociación con los criminales, alguna clase de cesión, siquiera protocolaria, para relacionarse con los responsables de centenares de crímenes, parece que definitivamente decididos a abandonar ese oficio de matar. Hablan los políticos del
"precio político" que pudiera dar a la banda por dejar de matar. Y se niegan el PP y las víctimas a que pueda existir alguna clase de intercambio o compensación de esa naturaleza, como la prometida generosidad -prometida por
Aznar como por Zapatero- para quienes decidan el abandono total y definitivo de las armas.
Son tiempos de incertidumbre, de incómoda prolongación de expectativas, que cada cual pretende apuntarse a su propia visión del problema, y a ser posible con réditos electorales o políticos. Pero parece inevitable que así sea. Cuarenta años de terror criminal, se nos ha venido advirtiendo, es posible que tengan un final difícil, tenso, desapacible...
(16/02/2006) Un anuncio acaso inminente(15/02/2006) Peces-Barba, misión cumplida(14/02/2006) Ni moneda de cambio ni mercadeo
(10/02/2006) El compañero embajador Vázquez(09/02/2006) La soprendente encuesta gallega