El gran juegoFermín Bocos
15/02/06Hay demasiados ruidos en el sistema, demasiadas voces hablando al mismo tiempo de cómo habría que hacer o dejar de hacer para acabar con la lacra terrorista. Ni siquiera en el área del Gobierno hay armonía: no dice lo mismo el presidente que algunos de sus ministros. Escuchando a
Zapatero, uno tiene la impresión de que estamos en el
"principio del fin de la violencia" y que la declaración de una tregua o incluso el anuncio del abandono definitivo de las armas es cosa que la dirección de la ETA podría hacer en cualquier momento. Antes, incluso, de la Semana Santa.
No son, como digo, tan optimistas las palabras de
Alonso, el ministro del Interior. Anteayer, cuando estaba en Valencia asistiendo al acto de clausura del Congreso de Víctimas y le informaron del atentado de Urdax -una furgoneta cargada con explosivos suficientes como para volar un edificio entero- le cambió el color y rodeado como estaba de periodistas salió como pudo del trance. Tampoco
Bono, el ministro de Defensa y terminal primera de los informes del CNI (
Sáez, el director de los espías, es un nombramiento suyo), vibra en la longitud de onda roussoniana en la que emite Rodríguez Zapatero. No hay datos precisos, contactos conocidos, gestiones reconocibles. Al final todo es una cuestión de fe. Fe en la
"convicción" que tiene el presidente del Gobierno de que estamos en la recta final. Pese a todo, puede salir.
Si dentro del Gabinete no todos han hecho suyo el arriesgado discurso presidencial de la esperanza, fuera, entre las filas de la oposición, lo que hay es griterío. En este asunto
Mariano Rajoy actúa a la desesperada. Su política es muy clara: al Gobierno ni agua. El Pacto Antiterrorista es arqueología. Dicen en las alturas del PP que Zapatero les ha engañado -legalizando el Partido Comunista de las Tierras Vascas, que es una franquicia de Batasuna- y orientando la acción de la Fiscalía en el tema de los presos.
Dicen eso y dicen más cosas. Algunas rozan la atrocidad. En todo lo que está pasando hay un punto de desmesura. Es como si de repente los principales actores del drama se hubieran descontrolado. Olvidando unos lo que es, lo que ha sido y lo que sigue siendo la ETA, y sobreactuando en clave fariseo los otros. Hace ocho años, con
Aznar al timón y Rajoy y Acebes en el Gobierno, el PP se embarcó en una negociación con la banda terrorista que ya por aquel entonces había asesinado a más de 800 personas. Lo han olvidado. O temen que allí donde ellos fracasaron -la ETA les engañó-, otros puedan tener más suerte. Suerte que en términos políticos podría ser recompensada en las urnas. Ése es el juego en el que están metidos unos y otros. Lo demás es propaganda.
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