El bien más preciado es la pazPedro Calvo Hernando
16/02/06A algunos les ha entrado el vértigo a la vista de que los acontecimientos, al menos en cuanto a informaciones y expectativas, se precipitan. Yo creo que es buena esa doctrina que se imparte desde el Gobierno y otras instituciones en el sentido de recomendar prudencia, calma y paciencia, pues si algo ha de suceder muy pronto o no tan pronto, sucederá de todos modos. Lo que en estas horas ha quedado meridianamente claro es que la inmensa mayoría de los habitantes de este país desea ardorosamente la definitiva llegada de la paz, del fin del terrorismo etarra que durante tantos años nos ha acongojado. Es verdad que en alguna otra ocasión anterior pareció que la hora había llegado y luego vinieron las decepciones. Por eso mismo hay que extremar la prudencia y la esperanza y en necesario que nadie se ponga nervioso. El objetivo, absolutamente prioritario, es la paz y todos debemos esforzarnos en facilitarlo, en ningún caso en boicotearlo. Pueden ser horas o días de gran responsabilidad histórica y lo último que debemos hacer es meter la pata o equivocarnos en un sentido o en otro.
A algunos dirigentes del PP les está cegando el vértigo que sienten y no se están comportando con la altura de miras que exige el problema. Ellos llevan dos años en la misma actitud y en las recientes semanas se han metido en un
'in crescendo' tan disparatado y tan sin sentido que encuentran grandes dificultades para salir de él o para dar marcha atrás. Repito hoy que todos debemos ayudar al PP para que saque cuanto antes la pata de donde la había metido y para que lo haga mientras que todavía es tiempo, aclarando que tal vez ese tiempo esté a punto de terminarse. Porque la empresa de la definitiva pacificación, del final definitivo del terrorismos en todas sus facetas, tiene que ser una empresa de todos, cualquiera que sea la ubicación o la ideología de cada cual. Un poco o un mucho de grandeza nos es exigible a todos en estas circunstancias, pues lo que nos jugamos ahora mismo es el bien más preciado, la paz. Y en esto no valen partidismos ni electoralismos.
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