Nos abandonan los inversores extranjeros Francisco Mora10/02/06Las empresas multinacionales se retiran del mundo desarrollado ante la competencia de países de Asia y Europa del Este cuyos bajos costes salariales tienen más atractivo que disponer de una nómina amplia de personal cualificado. En el caso de España, más que una retirada, nos amenaza una desbandada.
Según la consultora A. T. Kearney, España retrocedió el año pasado quince posiciones en el índice de preferencia de las multinacionales, al caer al puesto 38 por países, frente al 23 que ocupaba en el 2004. Ya somos menos atractivos que Portugal, pues aquí a un mayor coste salarial (un trabajador sale, como media, por treinta mil euros al año, casi tres veces más que en la Europa del Este) se suma el de los suministros (la inflación del 4,2% prevista para el mes de enero es la más alta en casi cinco años y una de las mayores de Europa), lo que se traduce en una deslocalización creciente de las empresas. No sólo de las multinacionales, pues cada día son más las españolas que buscan instalarse en otros países.
La deslocalización es legítima, inevitable y una forma ágil de repartir la prosperidad y el empleo fuera de los países más ricos en un mundo globalizado, en el que las soluciones son menos individuales y los problemas más compartidos. Pero eso no implica que nos quedemos de brazos cruzados y renunciemos a crear un entorno favorable para las empresas que evite, al menos, que la deslocalización venga también acompañada de un descenso de la inversión extranjera, que es lo que se está produciendo. De los 30.000 millones de euros anuales de inversión media en el trienio 2001-2003, hemos pasado a unos 6.000 millones de euros en 2005.
En la economía española afloran de nuevo los viejos problemas, pero no nos engañemos, ese círculo vicioso de mayor inflación, menor capacidad competitividad y, por tanto, menos crecimiento y empleo y más déficit exterior, no es el problema, es el síntoma. El problema se llama mercados ineficientes e innovación escasa, y por eso la productividad de la economía española es ahora inferior a la de la Unión Europea, cuando en 2000 era ligeramente superior. Y si no cambiamos el patrón de crecimiento, poniendo más énfasis en impulsar la competencia en los mercados y reforzar la innovación y la utilización de nuevas tecnologías, seguiremos avanzando como los cangrejos.
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