Tengo dudasIsaías Lafuente08/02/06
El debate sobre la legalización de la prostitución es recurrente. Ahora resurge por la intención de la Generalitat de Cataluña de regular su ejercicio y limitarlo a los burdeles. El Instituto de la Mujer ha elaborado un informe en el que se muestra contrario a la idea y afirma, entre otras cosas, que legalizar el comercio sexual es
'incompatible con la dignidad de la mujer y los derechos fundamentales'.
La cuestión es compleja y genera dudas. Al menos yo las tengo. Me consuela que también las tengan las administraciones. La prostitución se desarrolla en España en una especie de limbo legal: se permite su ejercicio, aunque no está regulado, y se penalizan el proxenetismo y el tráfico de mujeres. Es una realidad consentida pero no regulada, se sabe que existe pero parece no quererse ver, y precisamente en esas sombras fructifican sus vertientes más indeseables.
Es evidente que la prostitución está envuelta en un mundo oscuro de explotación y violencia, incluso de tráfico de seres humanos, que se persigue con desigual fortuna. Muchas mujeres se ven abocadas a su ejercicio sencillamente forzadas porque no tienen otra vía de subsistencia, pero también hay mujeres que dicen optar libremente por este ejercicio y no consideran más denigrante poner precio a su cuerpo que vender su mente.
Resulta increíble que no se quiera ver un fenómeno tan evidente: los anuncios en los periódicos, los clubes de carretera que proliferan como setas y los barrios rojos de las grandes ciudades, nos muestran una realidad que no tiene visos de menguar. La eclosión de la prostitución masculina parece demostrarlo. El negocio genera ingresos milmillonarios en dinero negro y quienes ejercen la prostitución no disfrutan de los derechos laborales con los que cuenta cualquier trabajador.
Ante este panorama, ¿es mejor dejar las cosas como están o intentar afrontar el problema mediante la regulación? Aún con dudas, creo que es mejor la segunda opción. Muchas organizaciones de mujeres promueven la abolición de la prostitución. Quizás algún día consigan el sueño. Pero, mientras se logra, la regulación nos puede permitir poner rostro a quienes la ejercen, controlar las condiciones en las que lo hacen, velar más eficazmente por su salud, librarlas de sus explotadores y -¿por qué no?- ayudar a quienes la quieran abandonar.
(01/02/2006) Droga dura