Doña Leonor nos hace olvidar el Estatut
Antonio Casado31/10/05La Liga de fútbol, la Lotería de Navidad, la red de carreteras... son otros tantos elementos de cohesión en la vida nacional. Hay otros, pero tampoco andamos sobrados. Uno de ellos es la Familia Real. Con naturalidad y sin que nadie lo dicte, están compartiendo los españoles -o una inmensa mayoría de ellos-, como algo suyo, todos los avatares relacionados con el embarazo y el posterior alumbramiento de doña Leticia.
En ese sentido, la venida al mundo de la Infanta doña Leonor ha sido muy oportuna. La buena nueva ha servido, entre otras cosas, para eclipsar al menos durante dos o tres días el estrepitoso debate sobre el proyecto de Estatut y las perturbadoras alusiones a una eventual ruptura de nuestro modelo de convivencia nacional. Y en sí misma, la noticia tiene su alcance institucional y político, como resaltó en la madrugada del lunes el propio Príncipe de Asturias, don Felipe, padre de la criatura. El riesgo es que el alcance político de la noticia, relacionado con las previsiones sucesorias y la futura equiparación constitucional hombre-mujer a esos efectos, derive en una utilización esquinada de la coyuntura.
Me refiero al mismo protocolo de la reforma constitucional prevista para asegurar dicha paridad en las previsiones sucesorias. No presenta mayores dificultades trasladar al texto constitucional un valor que está fuertemente arraigado en la sociedad española (la igualdad entre el hombre y la mujer), pero el protocolo vincula la reforma con la disolución de las Cortes y la consiguiente convocatoria de elecciones generales. Y eso sí que tiene relevancia política en el peor sentido de la expresión, el que reduce la concepción de la política a la lucha por el poder.
Conviene saberlo y estar prevenidos, porque alguien puede tener la tentación de convertir esa previsión del Gobierno socialista (es uno de los cuatro retoques de la Constitución comprometidos por
Rodríguez Zapatero), en un elemento más de la insoportable utilización de temas de Estado (terrorismo, modelo de Estado, política exterior, fenómeno migratorio) en la pugna entre quien ostenta el poder (PSOE) y quien aspira a ostentarlo (PP).
Por lo demás, ya en una perspectiva deshabitada de intención política, el nacimiento de niña, en vez de niño, también resalta los aires de modernidad que doña Leticia llevó a la Monarquía española el 22 de mayo de 2004. Con la misma naturalidad que los españoles vieron el matrimonio del Príncipe con una muchacha de su tiempo, periodista, divorciada, criatura del mérito y no de la sangre, verán ahora que doña Leonor, ya en segundo lugar del orden sucesorio, pueda convertirse un día en Reina de España.
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