Las viñetas de MahomaGabriel María Otalora
03/02/06La libertad de expresión es el canon sagrado del periodismo, y cualquier reportero que se precie debe informar la verdad conforme a su saber y entender porque forma parte de su deontología profesional.
El problema es que casi nada es absoluto; la mismísima libertad está condicionada por el respeto al otro, por la libertad del próximo. Lo contrario es posicionarlos en las antípodas de la libertad, que no es otra cosa que el libertinaje.
Hasta la libertad tiene sus límites en la medida que su uso ofende al semejante. Una parte de los musulmanes ha reaccionado mal al proferir amenazas y realizar un boicot empresarial ante el ultraje que supone para ellos ver la imagen del Profeta representada en imágenes con formato de caricatura; se trata de de la figura ante la cual más de mil millones de persones identifican su religión y sienten un deseo profundo de emular la experiencia de vida y obra del padre del islamismo.
¿Era necesario esta demostración? A mi juicio ha sido una torpeza por el efecto previsible (e innecesario) causado. Pero ha sido otra torpeza al sobreponer la libertad de expresión al sentimiento de millones de personas pacíficas que todos sabemos que este tipo de representaciones hacen daño. Y ha sido una torpeza también por activar el fundamentalismo islamista en unos tiempos en que la mecha necesita de muy poco para activarse sola. A nosotros tampoco nos gusta que otros realicen experimentos desde su libertad a costa nuestra.
Las pruebas de fuerza por la pretendida libertad de expesión las quiero ver en la defensa de los derechos humanos contra las multinacionales y sus opresivas medidas, contra las políticas imperialistas injustas y alienantes que impiden cualquier ejercicio digno de la libertad, ése don preciado por el que ahora algunos insensatos apuestan sin importarles los millones de personas ofendidas desde su buena fe. No es el mejor ejemplo de libertad de expresión.
La publicación de viñetas del Profeta con el pretexto de que puedo hacer lo que me dé la gana es un caso claro de prepotencia. Ojalá que no se repita el día en que otros aprieten el zapato por donde más duela, y entonces puede que muchos paladines de la libertad a costa de otros , no sean tan comprensivos con la libertad de expresión de los demás. La Historia almacena bastantes ejemplos.