Jóvenes y política, los jinetes del nuevo ApocalipsisLaura Rueda04/02/06El pasado 30 de enero, el
Instituto de la Juventud (Injuve) publicaba un
sondeo realizado a los jóvenes españoles que recoge sus opiniones acerca de la participación y la cultura política.
Las conclusiones de este informe no son nada halagüeñas. El 76 por ciento de nuestra juventud dice tener poco o ningún interés en la política. Pero esto no es lo más alarmante ya que un 45 por ciento asegura sentirse insatisfecho con la democracia frente al 50 por ciento que sí lo está. Sin embargo, comienzan a ser visible actitudes, concretamente un 5 por ciento de los jóvenes, que justificarían un sistema autoritario en determinadas ocasiones. Sinceramente, no sé en que ocasiones esto sería necesario; ¿lo será en un país que presume de ser el abanderado de la paz mundial, pero que aumenta sus gasto nuclear sin dejar que Irán lo pueda hacer, y no firma el Protocolo de Kioto? (me refiero, claro está, a EE UU) En ningún caso, este tipo de regímenes debería ser aplicable a sus ciudadanos pero sí que a sus políticos.
Este desencanto generalizado de la nueva sabia de nuestra sociedad es extensible, sobre todo a las sensaciones que les producen sus políticos. Y no sé si se trata de un fiel reflejo de la actual confrontación política que está viviendo este país, que el 45 por ciento de los jóvenes afirma que los partidos políticos sólo sirven para dividir a la gente. Señores, algo similar está ocurriendo en España, ¿verdad? A ver si va a resultar que estos jóvenes son grandes filósofos y pensadores y se han dado cuenta mucho antes que nuestro sistema democrático.
Esta actitud de los más jóvenes no es causal ni por puro capricho. A un 51 por ciento, la política le provoca desconfianza, y no es para menos, y a un 29 por ciento, aburrimiento. Lo más inquietante es que a un 18 por ciento la política le irrita. Esta crispación producida tiende a incrementarse cuando los jóvenes cumplen la veintena y en los años posteriores. Doy fe de ello. Aunque si el Injuve me lo permite, me gustaría hacer una salvedad. Y es que, la política en sí misma no irrita, lo que produce la crispación son sus políticos y todos sabemos de quienes estoy hablando. Citar algunos ejemplos como las patadas que estos políticos dan a la Constitución y sin embargo, dicen ser los abanderados en la defensa de la misma. Esto también se puede aplicar a la defensa de la familia o el modelo de España y la predicción de la ‘balcanización’ de ésta.
La conclusión más evidente es que el sistema social siempre va muy por delante del político. Pero si la sociedad deja de estar interesada por el progreso es muy posible que el sistema quede enrocado en posiciones tan radicales como en las que se encuentra ahora y no sea posible el más mínimo avance social ya que éste tendría que ser impulsado por el sistema político.