El límite de la paciencia Curri Valenzuela03/02/06El fiscal jefe de la Audiencia Nacional creía, como muchísimos españoles, que su misión era la de perseguir a los grandes delincuentes, los capos de la mafia y, sobre todo, los terroristas, tarea a la que se ha dedicado, por cierto que con bastante éxito, en el último cuarto de siglo. El resto de su vida deberá llevar escolta por si cualquiera de los cientos de etarras para los que pidió las máximas penas quisiera, como es de esperar, atentar contra él.
Tan convencido estaba en sus creencias el fiscal
Fungairiño que se empeñó en ilegalizar al
Partido Comunista de las Tierras Vascas para que no sucediera a la ilegalizada
Batasuna en el Parlamento de esa Comunidad; logró que hace dos semanas a
Otegui se le prohibiera celebrar un congreso en Bilbao. Y ahora estaba empeñado en perseguir a la docena de etarras a los que se juzgaba en el gran macroproceso contra la banda terrorista en una Sala especial instalada en la Casa de Campo de Madrid, Y digo se juzgaba porque el proceso está suspendido por causas un tanto difícil de explicar.
Pero, desconocido para el gran público, al jefe de Fungairiño, el fiscal general del Estado,
Cándido Conde-Pumpido, se le estaba acabando la paciencia con ese afán de perseguir etarras sin ton ni son de su subordinado en la Audiencia Nacional. Y por lo visto había superado con mucho el límite de su paciencia porque ni siquiera tuvo la buena educación (eso que hasta hace poco se llamaba talante) de ofrecerle una salida airosa. No. Le llamó a su despacho y le ofreció una alternativa digna de ser proferida en el Chicago de los años 20: o dimites, o te enterarás de las consecuencias.
Durante los próximos días y las próximas semanas iremos descubriendo los porqués de semejante conducta. ¿Se rebajarán las peticiones de penas a los etarras de la Casa de Campo? ¿Se empezarán a revisar expedientes carcelarios de etarras presos para concederles la libertad provisional? ¿Volverá a jactarse Otegui en público de que él y los suyos están ganando?
Entonces sabremos cual es el límite de la paciencia del fiscal general del Estado. Lo conseguiremos teniendo más paciencia que él, no vaya a ser que descargue contra nosotros el talante que ha mostrado con Fungairiño.
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