Los pobres y el cieloFermín Bocos03/02/06Que razón tenía
Paul Eluard cuando decía que había otros mundos pero que estaban todos en éste. Ahí tenemos una tormenta política en Europa y una marea social en marcha en los países árabes y en otros que, como Pakistán, no lo son pero en los que la religión dominante es el Islam, como reacción a las viñetas sobre
Mahoma publicadas por el periódico danés
'Jillands Posten'. Sabido que el Islam prohíbe la reproducción de imágenes del Profeta y que, por lo tanto, hay millones de personas a las que semejante iniciativa va a molestar, la publicación de semejantes viñetas no deja de ser una iniciativa inspirada por las ganas de
'epatar', y, por lo tanto, de mal gusto.
Dicho esto, deberíamos apresurarnos a añadir que la libertad de expresión es un derecho irrenunciable y que como tal uno de los pilares de nuestra forma de entender la vida. Hay que respetar las creencias ajenas, siempre y cuando no pretendan cambiar nuestro mundo. Y menos si pretenden devolvernos a la Edad Media. Europa dejó atrás la Inquisición hace muchos años. Eso deberían tenerlo claro quienes con una ingenuidad digna de mejor causa proponen imposibles alianzas de civilizaciones.
Las amenazas a los ciudadanos occidentales, las presiones de gobiernos como el Arabia Saudí, Siria o Libia ¡dando lecciones de respeto a los Derechos Humanos! no son de recibo. Tampoco lo es la tibia reacción de la Comisión Europea. La Unión lleva regalados 4.500 millones de euros en ayudas a los mismos palestinos que ahora amenazan con secuestrar a los funcionarios de Bruselas en Gaza. En todo este asunto late una gran hipocresía. Todos los actores que reclaman un papel estelar en este drama en ciernes: desde el príncipe
Nayaf, ministro del Interior de Arabia Saudí, a
Gaddafi de Libia,
Mubarak de Egipto, o
Tayyib Erdogan, primer ministro de Turquía, saben por qué están sobreactuando. Cuando presionan al Gobierno danés o al de Francia (el diario
'France Soir' reprodujo las viñetas), saben que están alimentando una hoguera que en sus respectivos países distrae al personal de los abrumadores problemas sociales y políticos que tienen Arabia, Libia, Egipto o Turquía.
Mientras la gente se olvide de los verdaderos responsables de la pobreza que padecen millones de personas en esos y en otros países de estirpe islámica, ellos -los gobernantes- podrán seguir disfrutando de sus privilegios. Esa es la verdad que esconde tanta alharaca. Quienes tanto se rasgan las vestiduras ante lo que consideran un sacrilegio, deberían recordar que lo realmente ofensivo es la miseria, el atraso y la desesperanza a la que están condenados millones de musulmanes repartidos por todo el mundo. Miseria evitable, en casi todos los casos porque Arabia, Libia, Argelia, Egipto o los Emiratos, son países riquísimos en recursos naturales.
Fue el propio Mahoma quien dejó dicho que mientras hubiera pobres en el suelo había que olvidarse de las cosas del Cielo. Pues eso.
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