El 25, 50, 25Francisco Mora03/02/06Manuel Chaves, el presidente de la Junta andaluza, estará instalado en la segunda modernidad pero parece que todavía está lejos de saber qué son los juegos de suma cero. Según él, con el nuevo sistema de financiación acordado para el futuro Estatuto catalán, nadie sale perdiendo. Después de Cataluña, les tocará a las restantes autonomías recibir más dinero de los impuestos comunes y puede que todas ellas salgan ganando, aunque en algún caso será lo comido por lo servido, pero la factura la tendrán que pagar el Estado y probablemente los ayuntamientos. Sí que hay perdedores.
Con la cesión del 50 por ciento del Impuesto sobre la Renta y del IVA y el 58 por ciento de los Impuestos Especiales, la hacienda estatal pierde músculo financiero y la tarta fiscal se repartirá de modo distinto entre los tres comensales: Estado, autonomías y corporaciones locales. Primero estábamos en el 50, 25, 25, del que se dijo que era injusto, que había que transformarlo y hacerlo más equitativo pasando a un 33, 33, 33, pero ahora vamos hacia un 25, 50, 25, es decir, el Estado y los ayuntamientos se quedan con el 25 por ciento de la tarta y el 50 por ciento restante es para las comunidades autónomas.
La debilidad del Gobierno nos lleva a un modelo fiscal con unas autonomías opulentas y muchas veces despilfarradoras; con un Estado empequeñecido, que volverá al déficit, y con unos ayuntamientos que para mejorar su estatus económico tendrán que seguir apuntados a una especulación inmobiliaria que va camino de agotarse, pero que a muchos les permite hoy cubrir sus presupuestos a costa de que los ciudadanos paguen más por comprarse una vivienda. Mientras, la reforma de las haciendas locales sigue siendo la asignatura siempre pendiente.
Eso, desde el punto de vista económico. Desde el social, se camina hacia una estructura en el que un Estado anémico tendrá lazos más débiles con el resto de las administraciones, o desde el otro ángulo, en la que se estimulará a que las autonomías se desconecten de la vida en común con el resto de España al tener menos intereses que compartir.
Mientras vamos de cabeza hacia el modelo 25-50-25, habría que empezar a debatir si, en contra del camino emprendido, no ha llegado el momento de plantearse la necesidad de reforzar al Estado, revisando cesiones de poder y blindando algunas actividades, para garantizar así la libertad y la solidaridad entre los españoles. También habría que preguntarse que a dónde fue a parar la izquierda tradicional española, estatista y municipalista.
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