Hasta la cocinaConsuelo Sánchez Vicente16/01/2006El escandaloso incremento que los delitos violentos están experimentando en nuestro país guarda una estrecha relación con la pasividad que durante años ha caracterizado la lucha contra las mafias del Este y del Oeste. ¿Se veía venir? Sí. Pero, ha fallado la prevención. Y, nos ha pillado el toro. Además de
"prevenir", ahora hay que
"curar". Esta pasividad tiene, al menos en parte, su explicación. Aunque adaptarse a la imaginación de los delincuentes es el gran reto de cualquier Gobierno comprometido con la seguridad ciudadana, los recursos humanos y materiales precisos para afrontar ese reto son un bien escaso que hay que administrar en función de las prioridades del momento. Y, ocupados, históricamente en la prioridad absoluta de combatir el terrorismo etarra, y más recientemente, además, el nuevo terrorismo de signo islamista, yo creo que los últimos gobiernos
"no han visto venir" el problemón de la delincuencia organizada.
Aznar, durante todo su mandato, y
Zapatero hasta hace unos pocos meses, no se han tomado, en mi opinión, tan en serio como debían (explicar no significa justificar) los reiterados avisos policiales y judiciales de que, la delincuencia organizada se nos estaba colando hasta la cocina... por los resquicios de unas leyes que hace años que no están a la altura de la imaginación de este nuevo tipo de delincuencia que tanto nos alarma y nos asusta.
Estadísticas tan brutales las del consumo de cocaína - en los últimos cinco años se ha multiplicado por cuatro solo entre los adolescentes, y fue hallada en la sangre del 5 por ciento de los muertos en accidente de tráfico del año 2004 - hablan por sí solas de la facilidad y la impunidad con que llegan, se mueven y
"hacen negocio" en nuestro país, las más poderosas y peligrosas de esas mafias, las mafias de la droga; cuyos sicarios, por cierto, suelen estar detrás de los crímenes y asaltos más violentos y crueles que se producen. La reciente implantación de la
"policía escolar" en las inmediaciones de los institutos y los lugares de ocio de nuestros hijos busca poner coto a una de las denuncias policiales más urgentes sobre el particular: la permisividad oficial respecto al consumo de drogas ilegales, ha llevado a que se deje de perseguir el trapicheo, nos hemos olvidado - dicen - de los
"camellos". Vale, por algún sitio hay que empezar, o sea, que bienvenida sea esa medida. Pero, ¿qué más? En otras palabras: ¿
"Tiritas" contra los narcos... y
"cruzadas" contra los fumadores? Si los recursos son escasos, y el objetivo nuestra
"salud", no debería tardar mucho el Gobierno en ordenar sus prioridades.
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