El mayor crimen de la Historia
Antonio Pérez Henares03/02/06Me da igual si son sacerdotes aztecas, adoradores de Kali, imanes mahometanos, curas católicos o pastores protestantes. Pretender imponernos máximas leyes presuntamente reveladas por sus dioses y que los humanos debemos acatar por encima de las nuestras no es tolerable. Eso se llama teocracia y unos y otros han intentado y logrado, hasta hoy mismo, ponerla en práctica a lo largo de la historia. Con los más terribles y sangrientos resultados. ¿Cuántos seres humanos, cuántos millones de hombres han muerto a lo largo del tiempo sacrificados a un dios? ¿No es ese el crimen mas terrible y continuado de la historia? En eso siguen algunos. Ahora y especialmente, como una vuelta a la tiniebla, el Islam intolerante y opresor. Callar esto es cobardía, estupidez y suicidio. Es arrojar al fango siglos de lucha de los hombres por ser libres.
Porque todo se resume a situar a la religión por encima de las constituciones, de los derechos humanos, de las leyes de las que libremente se han dotado los hombres. Lo pretenden en sus países y lo pretenden en los de los demás. En los lugares que dominan como férrea dictadura, que eso es la sharia: la dictadura de la religión. En los democráticos utilizando su permisividad y el respeto a los derechos: imponiendo la intolerancia y exigiendo la abolición misma de la libertad de expresión.
La humanidad ha luchado siglos enteros para librarse, donde ha podido que en algunos lugares está claro que no, de este yugo que la lleva oprimiendo desde el principio de los tiempos. En Occidente fue el Renacimiento, la Ilustración y la implantación general de la Declaración de los Derechos Humanos (en España soportamos nacional-catolicismo como régimen hasta hace menos de medio siglo) la que situó a las creencias en su justo lugar: el ámbito de lo personal, de las creencias y valores íntimos. Ahí no sólo respetables sino defendibles y positivas.
Pero parece que hay que seguir en la brecha. Lo de las caricaturas de Mahoma no por anécdota deja de ser la punta del enorme iceberg. La reacción, que eso es: pura caverna retrógrada, puro medievo y pura opresión, demuestra la peligrosidad de lo que tenemos delante. El intento es bien claro: arrasar la libertad de expresión y opinión. La intolerancia religiosa, la imposición teocrática. Delante de ello sólo cabe lo de siempre: la defensa de la libertad y de la laicidad.
Lo inaudito es la oposición de algunos alucinados seudoprogresistas que claman por que renunciemos a esas libertades y nos rindamos so pretexto de respetos multiculturales. No les vendría mal leer un poco. Aunque fuera a Marx.
Porque a estas alturas del siglo XXI y mirando hacia atrás con humana ira, si de algo tenemos que estar los hombres es más que hartos de dioses y profetas. ¿O es que hay ciudad donde más sangre se haya vertido y más odio desparramado que esa Jerusalén pretendidamente santa y símbolo para las tres grandes religiones monoteístas? ¡Vaya ejemplo! ¡Vaya dioses! Pero sobre todo ¡vaya intérpretes!
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