Fungairiño, materia política José Cavero03/0/06Desde luego, en muy pocas horas quedó destrozada la primera versión, del propio fiscal
Eduardo Fungairiño, de que abandonaba la Audiencia nacional por voluntad propia y por razones personales. De hecho, prácticamente todos los diarios del jueves ya daban una versión muy distinta, que a continuación confirmaba el fiscal general del Estado,
Conde-Pumpido: No era una marcha voluntaria, sino un relevo decidido por el jefe de los fiscales, tras dos años de encontronazos entre ambos y agotada la paciencia de Pumpido como él mismo explicó a los invitados al desayuno de Europa Press. Por si no bastaba, el fiscal general del Estado exponía reiteradas faltas cometidas por Fungairiño, unas parece que leves, de descoordinación, falta de información al fiscal general, y algunas de ellas preocupantes por su trascendencia, como el incumplimiento de fechas que pueden suponer la puesta en libertad de presuntos responsables del monstruoso atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid.
Lo cierto es que Fungairiño se ha convertido, como no podía ser de otro modo, en cuestión y materia política.
Acebes y
Rajoy han hecho una ardorosa y vibrante defensa del fiscal de la silla de ruedas y relacionan abierta y directamente su destitución y relevo con la política que desde el Gobierno y la Fiscalía se estaría impulsando para modificar el trato a
Batasuna y a los etarras. En este último sentido, se acaba de efectuar una sorprendente revelación, desde las páginas del diario
El Mundo: La Fiscalía apoya un recurso del etarra más sangriento y criminal que probablemente ha tenido en toda su historia la banda criminal.
Henry Parot, ese individuo de nacionalidad francesa, condenado por 85 asesinatos, entre ellos los cinco niños de los atentados de la Dirección General de la Guardia Civil y de la Casa Cuartel de Zaragoza. Parot pretende conseguir la libertad en 2009, tras haber cumplido veinte años de prisión. La Audiencia, con el apoyo del fiscal Fungairiño, aspira a que cumpla al menos treinta años, tras dividir su condena de 4.799 años de prisión en dos penas distintas, argumentando que los atentados fueron cometidos en dos etapas distintas de su actividad criminal.
De manera que, ahora mismo, el fiscal se ha convertido en personaje a debate y aprovechado por los partidos para expresar sus enfrentamientos interminables y que a todo alcanzan, desde los papeles de Salamanca devueltos a Cataluña al metro que, de momento, no llegará al nuevo Barajas, desde las reformas estatutarias a las opiniones del Consejo de Estado o del Tribunal Supremo. Todo llega a esa batidora implacable de la política y de los enfrentamientos PP y PSOE, y Fungairiño no iba a ser menos. Para los adversarios del personaje, que también los hay, parece evidente y hasta merecedora de alguna clase de castigo, su divismo, su falta de sometimiento a la jerarquía, su desprecio de sumarios y asuntos que debiera conocer con profundidad, como cuando explicó en el Congreso que no leía los periódicos y que en televisión sólo veía los reportajes científicos de la BBC. Para esos adversarios, es incomprensible que de la Audiencia Nacional pueda ser
'ascendido' al Tribunal Supremo y no sancionado por incumplimiento de sus obligaciones más elementales...
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