Los Goya, un brindis al sol
Rosa Villacastín31/01/06Fue una gala excesivamente larga, -interminables las dedicatorias-, sin ritmo, sin orden ni concierto. Y eso tratándose de los Goya, no deja de ser sintomático pues se supone que si alguien sabe de esas cosas son las gentes del cine y de la televisión. Fue pésima la realización que hizo Televisión Española, y los guiones, a los que no se ciñó ninguno de los presentadores, siendo como es eso tan importante pues no todos los que subieron al escenario tenían la gracia y la agilidad mental de un
Corbacho o de un
Santiago Segura, a quién por cierto los Miembros de la Academia de Cine siguen negando -como ya hicieron con
Pedro Almodóvar-, el pan y la sal. Si los Goya son el reconocimiento a la labor de quienes trabajan por y para la industria cinematográfica, está claro que Santiago Segura se merecía una estatuilla.
Se han criticado mucho los trajes de los asistentes a la gala. Si hubiera que poner algún suspenso yo se la pondría a esos actores, directores, productores, que acudieron al Palacio de Congresos como quién va a comprar el periódico. Una gala es una gala, en Madrid, en Paris o en Nueva York, y aparecer con pantalones de pana y camiseta no denota más que una falta de consideración hacía el público y hacía quienes se esforzaron por lucir sus mejores trajes. Tal es el caso de
Maribel Verdú, de
Elsa Pataki, de
Candela Peña, de
Carmen Maura, o de
Marisa Paredes, por poner sólo algunos ejemplos de actrices famosas que igual lucen un vaquero que un traje de la mejor marca.
Me encantó ver a
Imanol Arias, a
Carmelo Gómez, a
Sancho Gracia, a
Oscar Jaenada, imbuidos en sus esmóquines, tal y como rezaba en la invitación. Para ir de moderno no hace falta llamar la atención de esa manera. Se puede ser moderno con un traje de Hermenegildo Zegna o de Armani.
Pero sobre todo me encantó ver en el patio de butacas a Antonio Banderas, nuestro actor más internacional, sentado junto a Marisa Paredes y sin perderse detalle de lo que decían
Antonio Resines y Concha Velasco, quién por cierto se encuentra muy dolida por la forma en que le han tratado algunas periodistas de moda. De Concha se puede decir que el traje que llevaba era poco favorecedor, pero nunca meterse con ella por su edad, porque eso denota una falta de sensibilidad tremenda hacía las mujeres en general y hacia Concha en particular. Rara vez se hacen esos comentarios de los hombres, y en cambio sí son frecuentes cuando se refieren a mujeres. El gran mérito de Concha Velasco, de Carmen Maura, de Marisa Paredes, de Fiorella Faltoyano, de
Mercedes Sampietro, es que no ocultan la edad que tienen, y que siguen trabajando en el cine y en el teatro. Algo de lo que debemos de alegrarnos todas, aunque sólo sea porque ellas son un ejemplo para quiénes no tienen ese valor que cotiza al alza, y que es la belleza y la juventud.
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