Droga duraIsaías Lafuente
01/02/2006Los jóvenes españoles se desenganchan de la política: seis de cada diez dicen vivir a espaldas de ella. Esa es la conclusión de un estudio, elaborado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y el Instituto de la Juventud, que ha suscitado inmediatamente reacciones previsibles de los mayores; porque los jóvenes, en los medios, no son llamados a opinar sobre lo que opinan.
Los análisis se mueven entre el paternalismo fatalista y el nostálgico: los jóvenes son como son/ los jóvenes ya no son lo que eran. Hay quien echa de menos ese punto de rebeldía que tuvieron generaciones anteriores, en una mirada que tiene también un punto de distorsión épica. No deberíamos descartar que esa actitud pasota sea en sí misma una forma de rebeldía ante determinados espectáculos políticos que son auténtica droga dura.
En cualquier caso, lo que parece indudable es que no es sólo un problema de los jóvenes. El último barómetro del CIS, de diciembre de 2005, certifica que más del 60 por ciento de los ciudadanos tienen poca o ninguna confianza en los partidos políticos, y, lo que es más grave, los españoles creen que la clase política, los partidos, son un problema para el país: el séptimo, a gran distancia de los nacionalismos o las reformas estatutarias, por ejemplo. Es elocuente que el mayor nivel de desafección se da entre los 35 y los 50 años, es decir, en la generación de quienes ocupan en estos momentos el poder. Éste es un dato que raramente salta a los titulares. A los políticos no les interesa airearlo por razones obvias. Y a los medios tampoco: tendríamos que dar muchas explicaciones sobre por qué dedicamos tantos esfuerzos y espacios a asuntos de interés discutible. Que en una democracia representativa los electores tengan consideración tan baja de sus elegidos, ese sí que es un grave problema, y un caldo de cultivo inmejorable para que fructifiquen fenómenos indeseables.
En las democracias europeas observamos procesos como el crecimiento del integrismo con la distancia de quien se siente inmunizado por la Historia. Pero no hay que perder de vista que victorias como la de Hamás, en Palestina, se han dado en una sociedad que ha transitado del desapego al hartazgo. Y, por cierto, en uno de los pueblos más jóvenes de la Tierra, con una media de edad que no supera los 18 años.