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Gabriel María Otalora
30/01/2006 Primero Ford en Estados Unidos y luego Daimler en Europa, acaban de anunciar drásticos recortes de personal. Los efectos estructurales del modelo económico imperante pueden llevar a muchas empresas por esta dirección.
La disminución de la población activa merma la demanda por la menor entrada de ingresos.
Jeremy Rifkin recuerda que la previsión es que la caída del empleo se acelere y la era del empleo en la fabricación masiva entre en crisis. La banca, los seguros y la venta no van a la zaga, por lo que están introduciendo tecnologías inteligentes que disminuirá buena parte del personal de apoyo.
Las empresas deslocalizan sus centros de producción, pero estudios recientes reconocen que el empleo fabril disminuye cada año en todas las regiones del planeta, incluidas las economías asiáticas, cuando la producción industrial global ha estado creciendo por encima del 30%. Se reduce el idolatrado consumo y la economía tal como está planteada es incapaz de crecer. Las contradicciones de sistema neoliberal se pueden agudizar hasta límites imprevisibles. Veamos:
Se sigue afirmando que, a mayor productividad, más creación de empleo y prosperidad, costes más baratos, lo que supone un estímulo a la demanda; y así hasta el infinito. El problema gordo es que la base de todo este castillo capitalista no parece cumplirse, pues los expertos constatan que los espectaculares aumentos de la productividad no pueden ser absorbidos por quienes no tienen capacidad para tanto consumo. Se están perdiendo puestos de trabajo por algo tan sencillo como sobre estimar la respuesta de la demanda potencial por una desaforada producción de todo tipo de bienes.
Los excedentes pueden hacer palidecer a más de uno ¿Cómo consumir más si aumenta la precariedad del empleo, los despidos y al consiguiente merma en la natalidad por falta de seguridad económica? Es una loca carrera por crecer y crecer que preocupa incluso a quienes disfrutamos de un alto empleo; el barómetro del CIS informa que el paro es, con diferencia, lo que más preocupa.
El propio Rifkin en una entrevista en internet, afirmaba que
“una solución sería reducir la semana laboral a 35 horas y aumentar los salarios para tener más gente trabajando, que a su vez podrá gastar y pagar más impuestos”. Lo dice quien ha sido asesor de Jefes de Estado, incluido Clinton. Se quedó sin decirnos su solución para el empleo esclavizante del Tercer Mundo, sin consumir hasta morirse de hambre.