Estanqueros Rafael Torres30/01/06Algunos estanqueros de Madrid han creado una 'plataforma de crisis' para reivindicar el derecho que creen que les asiste de ganar cada vez más. Con la reciente bajada de precios de las labores de
Philip Morris, y pues los estanqueros se llevan un porcentaje del precio de venta al público de los productos que expenden, han visto mermados en algo sus enormes beneficios, pero en vez de recordar que los empresarios y los comerciantes han de estar a las duras y a las maduras por imperativo de la naturaleza misma de su actividad económica, han tenido la ocurrencia de exigir al ministerio de Hacienda que garantice la estabilidad de sus ingresos, bien que en el caso de los estancos esos ingresos son de suyo aumentativos y rampantes, y su 'estabilidad', en consecuencia, también. Exigen a Hacienda, pues, una respuesta positiva, la que sea, aunque no le harían especiales ascos a recibir de ella una 'compensación' por las pérdidas.
Sabemos que suele llamarse 'pérdida' a aquello que a uno le gustaría ganar y, por la razón que sea, no gana, pero convendría recordar a los estanqueros movilizados, que de entrada están incumpliendo sus obligaciones y perjudicando a sus clientes negándose a vender las labores de Philip Morris, que las supuestas pérdidas actuales se compensan de sobra con las reales ganancias extras que obtienen cuando sube el precio de las cajetillas, que es siempre. Si ahora, con la bajada de precios, pierden algo al comercializar el 'stock' de que disponen, hasta ahora ganaron muchísimo cada vez que ha subido el tabaco y han vendido el 'stock' de precio anterior, más bajo, al precio de las nuevas tarifas, más elevadas.
A todos nos gustaría que Hacienda nos 'compensara' y nos 'garantizara' los ingresos, qué duda cabe, pero así y todo sorprende el morro que le echan esos estanqueros que se han sindicado y movilizado de súbito, aterrados ante el fantasma del lucro cesante. Nada dicen de los suculentos beneficios que les ha brindado la Ley Antitabaco que, sobre estimular el consumo de sus productos mediante la prohibición, ha prohibido a los quiosqueros y a las tiendas que expendan cajetillas, dejando a los estancos, en la práctica, el monopolio de su comercialización. Los ricos son tremendos cuando se ponen a reivindicar.
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