Otra vez la educaciónFrancisco Muro de Iscar
31/01/06
El Informe de la OCDE 2005 sobre la educación vuelve a poner de manifiesto que tenemos un sistema educativo que no funciona. Uno de cada cuatro alumnos, el 25 por ciento, no consigue obtener el título de educación obligatoria y, por tanto, abandona sus estudios. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que el 75 por ciento restante sepa lo que debe saber cuando va a iniciar estudios no obligatorios ni que, cuando llega a la Universidad, pueda seguir con éxito una formación universitaria ni, tampoco, que cuando termina la carrera esté preparado para integrarse en el mundo profesional. El dato del 25 por ciento de fracaso escolar al terminar la educación obligatoria nos sitúa, simplemente en un punto de partida: seguimos estando entre los países con peores resultados educativos de la OCDE.
Y no vale que se busquen excusas. Dicen que la inversión española en educación es todavía insuficiente. Y es verdad. Dicen que partíamos de una situación peor que la mayoría de los países más desarrollados. Y es verdad. Pero después de 35 años de verdaderos esfuerzos educativos, el fracaso escolar no es sólo culpa de falta de gasto público ni de la situación de partida. Hemos hecho mal el camino y los políticos son responsables de una buena parte de los errores: desde su incapacidad para llegar a un pacto de Estado que pusiera fin a las querellas educativas a los errores de la LOGSE, pasando por ese empeño en que todos los alumnos lleguen a la Universidad, mientras la Formación Profesional sigue siendo la cenicienta educativa. Eso sin hablar de la falta de equipos directivos profesionales en los centros públicos, de haber quitado la autoridad moral a los profesores y de la huída de las familias de su responsabilidad formativa.
Además de la instrucción hemos echado sobre la escuela y el profesor todo lo que no somos capaces de solucionar en la familia o en la sociedad -la educación sexual, los problemas de las familias rotas, la violencia, la inmigración, la educación vial, la lucha contra las drogas- y hemos retirado nuestro respaldo al profesorado, que se siente perdido y desmoralizado. Y, junto a eso, el alumno sabe que no pasa nada si fracasa y que el esfuerzo, la disciplina, el trabajo, la exigencia son conceptos sin valor en las aulas. El fracaso -tanto si es porque el alumno no llega donde está capacitado como si, simplemente, suspende- no tiene valor más que en las estadísticas de la OCDE. ¿Se han fijado ustedes de que en todas las series de televisión que presentan el mundo juvenil o escolar nunca se ve a un alumno o a un grupo de alumnos estudiando? Todo un síntoma.
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