UGT reclama el plan de integración de nuevos vecinos
En relación con la rueda de prensa ofrecida por el Director General de Estadística del Ayuntamiento de Madrid, en la cual planteó que la capital necesitará 700.000 trabajadores foráneos más en los próximos 5 años para mantener el actual crecimiento económico, UGT-Madrid destaca que no basta con hacer declaraciones altisonantes como ésta porque el empleo, el alojamiento, la educación y la sanidad son las necesidades más inmediatas, y todavía no resueltas, de estas personas, idénticas en este tipo de necesidades al resto de madrileños.
Gabinetedeprensa/diarioDirecto 01/02/2006 Al respecto, el Ayuntamiento de la Capital tiene mucho que hacer, intervención que no puede retrasar por más tiempo, haciendo efectivo de forma inmediata el “Plan Local de Integración de Nuevos Vecinos de Madrid (2004-2008)”, que desde que lo anuncio el Alcalde Gallardón, en noviembre de 2003, se ha transformado en “Plan Madrid para la Convivencia Social e Interculturalidad”, pero que todavía no ha pasado de la fase de diseño sobre papel y algunas actuaciones puntuales, más para mantener la apariencia de actividad municipal que para conseguir la integración efectiva en la vecindad de autóctonos y foráneos.
Ya son de origen foráneo 356.662 vecinos, un 16 % de los empadronados en nuestra ciudad a 1 de enero de 2006. El atractivo de la gran urbe, para consolidar el proyecto migratorio actual, es indiscutible. Pero no es menos cierto que las condiciones trabajo y de vida en general, que la capital ofrece a sus habitantes autóctonos y foráneos deja mucho que desear, por eso el índice de natalidad es tan bajo, y por eso la llegada de inmigrantes también se ha ralentizado.
Durante los años 90, los extranjeros empadronados en la capital apenas incrementaban su número año a año: Desde 1991 a 1998, en ocho años se incrementaron en 45.125 vecinos. Por aquellos años, el empadronamiento era poco interesante para los inmigrantes irregulares, no lo percibían como un derecho y mucho menos como una norma de obligado cumplimiento.
Los años 1999 y 2000 suman un incremento notable, 116.728 vecinos extranjeros se incorporan al padrón de la capital durante esos dos años; el año 2000 fue el año en que entró en vigor la actual Ley de Extranjería, que ordena y posibilita, por razones de salud colectiva, el acceso de todos los ciudadanos, autóctonos o foráneos, al sistema público de salud con el único requisito previo de haberse empadronado. Por tanto, este incremento puede deberse a que se empadronaron muchas personas que estaban en los barrios de Madrid desde antes.
El año 2001 supuso un incremento de 85.555 personas extranjeras empadronadas. La inmensa mayoría son recién llegados a la Comunidad para aprovechar el proceso de regularización extraordinario abierto hasta agosto de ese año. Durante 2002 siguen llegando nuevos vecinos de origen foráneo pero a ritmo menor (77.736), y llegan aún menos en 2003 (71.234), que se reducen en 2004 a 48.692.
El ritmo de crecimiento continúa ralentizado, aunque en 2005 se hayan incorporado 55.500 nuevos empadronamientos. Este repunte ocasional puede ser efecto derivado del proceso de “normalización” de trabajadores extranjeros, que se abrió en febrero.
Madrid se está convirtiendo en una gran conurbación en la que cabe todo tipo de actividades económicas informales, y donde se ha consolidando un sector productivo sumergido que representa el 23% del PIB madrileño e impone sus propias condiciones laborales a autóctonos y foráneos, pero especialmente perversas para estos últimos, dado el estado de necesidad en que se encuentran muchos de ellos. La ralentización paulatina en la llegada de extranjeros a Madrid tiene muchas explicaciones, pero el motivo principal es la dificultad cada vez mayor que están afrontando los extranjeros para acceder, en la capital, a un empleo adecuado y para alcanzar por sí mismos unas condiciones dignas de vida.