Rebelión en Bizkaia 1634Viento de libertad30/01/2006Corría el año 1634. Bizkaia aún tenía conciencia de su dignidad. Por eso encontró entre sus hijos viva resistencia la tentativa del rey de España,
Felipe IV, de obligarle al pago de un impuesto sobre la sal que, en derecho, no era aplicable. Bizkaia era soberana bajo cualquier aspecto que se considere esa facultad. ¿Cómo, pues iba a pagar las necesidades del Estado español si era independiente y nada tenía que ver con el mismo? No eran súbditos españoles los vizcaínos; no debían, pues, contribuir con su dinero al sostenimiento del estado que trataba de arrebatarles su soberanía.
Felipe IV había jurado respetar las leyes fundamentales de Bizkaia, una de las cuales (ley IV) decía que los vizcaínos estaban exentos de pagar tributos al rey de España
“así estando en Bizkaia como fuera de ella”. Al exigir Felipe IV que los vizcaínos pagasen el impuesto de la sal, quebrantaba el juramento prestado y atentaba contra la independencia política del Señorío.
En aquella ocasión fue el pueblo el que demostró tener un espíritu fuerte. Enérgica fue su protesta, dado que exigió de sus representantes que resistieran a las injustas pretensiones del rey felón. No es la primera vez que hemos visto a nuestros campesinos asociarse entusiastas a todo movimiento social vasco conservando así mejor que las clases altas de nuestro pueblo los elementos vitales de nuestra personalidad.
No esperamos nada de los vascos neguríticos, de los Emilios Ibarras y compañía, antiguos cortesanos de los fatídicos borbones, que cifran su felicidad en satisfacer ambiciones materialistas.
Nuestro pueblo vasco, el que tan heroicamente se enfrentó con los franquistas, llegará, qué duda cabe, a reconquistar finalmente sus libertades políticas y sociales, por el esfuerzo de sus clases nacionalistas. Los vascos plutócratas pisotearán a su patria cuantas veces se les ofrezca la ocasión. ¡No tienen espiritualidad alguna, pese a sus fementidas promesas de vascongadismo!