InevitableConsuelo Sánchez Vicente25/01/2006Con
Josep Piqué llegó a la política desde la empresa, y, no desde empleos menores sino desde la alta dirección ejecutiva. Y además llegó por arriba, directamente de ministro, en el más dulce de los momentos que puede vivir un partido político, pues el PP estaba gobernando, de la mejor mano posible, ya que le
"fichó" personalmente el presidente Aznar, y sin más cultura partidaria que algún tumultuoso devaneo con la izquierda antifranquista catalana en sus tiempos de estudiante. Tal vez haya que partir de estos antecedentes para entender que, tras la severa y enésima desautorización pública que sufrió antes de ayer por parte de
Ángel Acebes, este
"ejecutivo" no quiera retrasar más lo inevitable.
Piqué no se ve defendiendo lo que defiende Acebes sobre el Estatut (ni sobre el 11-M, ni sobre un montón de cosas importantes; si les soy sincera, a mí lo que me cuesta es verle a él en el PP, y si me apuran, en cualquier otro partido, no le veo capaz de comulgar con ruedas de molino como es costumbre en la vida partidaria). Pero, vuelvo a lo que iba: es que lo que defiende Acebes es... lo que defiende Rajoy. La postura sobre el Estatut que Rajoy defendió ayer en el mismo acto en el que reiteró su plena confianza en Piqué, no es la de Piqué, sino que coincide punto por punto con lo que Acebes dijo que
"era la posición del PP" cuando antes de ayer desautorizó públicamente a Piqué a la voz de que
"quien defienda otra cosa, está equivocado". Aunque Rajoy ejerció, como acostumbra, de
"gallego", este círculo no cuadra. La situación es insostenible.
La llamada democracia interna de los partidos, no existe, se obedece al líder, y punto. Si se comparte su decisión miel sobre hojuelas, pero, si no se comparte, el derecho de queja empieza y termina de puertas adentro. En los partidos políticos, lavar "los trapos sucios" fuera de casa se considera una deslealtad cuando no una traición. ¿Puede alguien acostumbrado a mandar, obedecer? Sí, claro, en esto no hay grandes diferencias entre la empresa y la política, salvo que uno sea el dueño de la empresa (o el líder máximo en el caso de la política), los empresarios, como los políticos, siempre tienen un jefe por encima, y la toma de decisión es jerárquica, no asamblearia. La diferencia, en mi opinión, es que, cuando las discrepancias con la línea oficial superan a las coincidencias, los ejecutivos suelen marcharse a otra empresa, se van, y los políticos no, los políticos abren el paraguas a la espera de que escampe.
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