Carrera hacia las medallasLuis del Val23/01/06El inusitado protagonismo de
Artur Mas, que en el sprint final no sólo ha llegado a la meta, sino que ha sido el encargado de difundir la buena nueva del acuerdo sobre el Estatuto a todo el orbe cristiano, catalán y español, antes incluso de que lo hiciera Moncloa, ha dejado descolocado al tripartito, porque el cuatripartito, llegado a última hora, se quedado con el santo y la peana.
Ya sabemos que el marido es el último en enterarse, y
Carod lo supo cuando Mas se lo contaba a sus conmilitones, en presencia de los medios de comunicación. En estos casos hay que poner cara de pocos amigos, pero tampoco quedó en muy buen lugar el muy honorable y bastante soslayado president, señor
Maragall.
Convergencia i Unió jugó su órdago con flemática insistencia y, o contaban con ellos o tiraban del mantel y se rompía la vajilla, y el Gobierno, que se ha atrevido a la novedad de no pactar un nuevo estatuto con la principal fuerza de la oposición, no podía hacerle lo mismo a la fuerza catalanista más emblemática. De ahí esa mezcla de satisfacción y ataque de cuernos, en esta carrera hacia la auto-imposición de medallas, donde cada cual se adjudica el papel más importante en los resultados, y los resultados son satisfactorios, aunque dar satisfacción a un nacionalista es como proporcionar una buena comida a un gargantúa: siempre se queda con apetito.
Parece que hemos entrado en una etapa en la que Cataluña viene a ser lo que es la General Motors para EE.UU, y lo que es bueno para Cataluña es bueno para España. Se cuenta, claro, con la complicidad de los ciudadanos de Teruel y Soria, que en realidad son pocos y, encima, quieren tener autopistas como los demás, sin darse cuenta de que son cuatro votos, quiero decir, cuatro gatos. Veremos si en Sevilla, Valencia, Vitoria o Santiago impera la resignación cristiana o el soberbio estímulo laico.
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