El iceberg PiquéFermín Bocos25/01/06El Estatuto de Cataluña provoca tensiones en el bando de quienes lo impulsan y crisis entre quienes lo repudian. El amago de dimisión de
Josep Piqué, líder del PP en Cataluña, ha desestabilizado a este grupo en relación con un proceso -el de la reforma del Estatuto-, que
Mariano Rajoy y sus afines han convertido en el eje de su estrategia de oposición al Gobierno de
Rodríguez Zapatero. Tras la reunión de Rajoy con los barones autonómicos, la noticia oficial es que la brecha ha sido reparada y el barco de los populares se apresta orzar en solitario contra el viento que trae el Estatut. No es creíble. Piqué se siente mal tras haber sido desautorizado por Ángel Acebes, el secretario general del partido tras haber expresado el político catalán una opinión favorable a ciertos aspectos del texto pactado entre Zapatero y
Artur Mas. Piqué reflexionaba sobre el modelo de financiación que surge del pacto.
¿Piqué es ante todo catalán y por eso reacciona de manera diferente a sus compañeros en la dirección del PP? Es posible que esta circunstancia, más la propia trayectoria política del ex ministro (que fue militante de izquierdas) le confieran una perspectiva de la vida y de la política que, lógicamente, le aleja de otros compañeros suyos en la cúpula de Génova que a la edad moza en la que Piqué leía a
Marx y a
Lenin ellos tenían más cerca los textos de
José Antonio Primo de Rivera o
Ledesma Ramos, pero, no es sólo eso.
Tengo para mí que al margen de la cuestión de fondo que plantea el Estatuto -que tal como está y a reserva de lo que pueda decir el Tribunal Constitucional- ya es un carta de navegación por derivas políticas y lingüísticas excéntricas del común español, la posición de Piqué o de Vendrell, en relación con el modelo de financiación pactado entre el PSOE y CiU, está siendo observado con parecido interés en Baleares y en Valencia. No digo que Jaume Matas o que su compañero Camps vayan a decir nada parecido a lo que le hemos escuchado decir a Piqué, lo que apunto es que la política es el arte de lo posible y, más allá del juicio histórico que pueda merecer la política seguida por el presidente del Gobierno en relación con el nuevo Estatuto, los políticos autonómicos viven al día y para ese vivir necesitan recursos para consolidar sus políticas y dinero para sanear sus parvas haciendas. Por eso digo que la crisis política abierta en la dirección del Partido Popular por el amago de dimisión de Josep Piqué tardará en cerrarse. Porque más que un caso aislado, es un síntoma. Vista desde fuera, una parte de la actual dirección del PP parece amortizada.
De hecho, antes del verano el propio Rajoy parece que intentó cambiarla, apoyándose precisamente en Piqué a quien quería de portavoz, en Ruiz Gallardón, en Ana Pastor a quien habría encomendado la secretaria general pensando que Ángel Acebes aceptaría volver a su tierra pensando en la Junta de Castilla-León. Pero la cosa no salió. Rajoy no es Aznar, en él priman la cautela y la parsimonia y los candidatos a damnificados se anticiparon (con ayuda de algunos medios de los medios y también de la jerarquía católica), e impidieron la maniobra. La progresiva derechización del PP sería el resultado del fracaso de aquella operación 'renove'. Por eso digo que la crisis no está resuelta y que lo de Piqué no ha sido más que la punta del iceberg.
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