Zapatero-Mas: ¿Jugada maestra o deslealtad?Wilfredo Espina
23/01/2006
Pacto
Zapatero-Mas. ¿Jugada maestra, posibilismo, oportunismo, deslealtad? Quizás de todo un poco. ¿Resultado? Una mejora importante para Cataluña respecto del Estatut vigente de 1979, pero casi nada de la esencia de la propuesta de Estatut aprobada solemnemente por el Parlament. ¿Cómo calificar a esto?
Políticamente, unos dirán que como una jugada maestra de Mas (CiU) con Zapatero que les permitirá salir airosos del monumental embrollo en que Zapatero y
Maragall, principalmente, se habían metido, y nos habían metido, con su empeño –en gran medida electoralista- de llevar adelante
“como sea” un nuevo estatuto catalán. Y respirarán relativamente satisfechos.
Otros lo situarán dentro del posibilismo político, ya que ni por una parte ni por otra era factible, tal como estaban las cosas en Cataluña y en España, salir del atolladero de una manera muy distinta. Y diran, conformados, que así es la política.
Unos terceros seguramente lo calificarán de oportunismo político-electoral, llevado a cabo sin demasiados escrúpulos, con nocturnidad y secretismo, pero en mútuo beneficio partidista de poder político, para ahora y sobre todo para el futuro; y esperarán ver confirmados, o no, supuestos acuerdos bajo mano. Y permanecerán recelosamente atentos.
Y unos cuartos, lo considerarán una deslealtad con otros partidos (ERC y PSC) que propugnaban el nuevo Estatut aprobado por casi el noventa por ciento de los votos del Parlament; de deslealtat con algunos sectores de los propios partidos (PSOE y CiU), y sobre todo de deslealtad con el Parlament, màxima institución representativa de Cataluña.
El Partido Popular, que se ha quedado o le han dejado fuera, y estaba a favor de una cierta mejora pero no de un nuevo estatuto que pudiera enfrentar a ciudadanos y a territorios o que rebasase el marco constitucional, lo creerá una mala jugada, inoportuna, electoralista, aún dificilmente encajable en la Constitución, y más destinada a aumentar el poder de los políticos catalanes que a beneficiar directamente a los ciudadanos. Y esperará a ver cómo reaccionan las demás comunidades, que dificilmente se avengan a quedarse atrás.
Personalmente, pienso que, después de los muchos tiras y aflojas desde los dos extremos, podemos hallarnos ante una mejora razonable del estatuto vigente, ante una deseable próxima distensión del crispado ambiente, y ante una maniobra política que –al margen de todos los posibles calificativos- ha sabido aprovechar, principalmente, una fuerza política con experiencia en gobernar, como es CiU, frente a un Gobierno estatal débil, y valiéndose de unos partidos –como dijo alguna vez Maragall-
“aun tiernos” y a los que
“seguramente se les habría que enseñar” el arte de gobernar.