Todos los fantasmas que me habitanAndrés Aberasturi
20/01/06
El título resulta un poco largo, lo sé, pero además de hermoso, me parece bueno para definir el resumen de esta ya próxima media legislatura de
ZP en el Gobierno. Ni los mas viejos del lugar -o sea nosotros- recordamos tiempos de mayor incertidumbre que los actuales una vez instaurada realmente la democracia y eso sucedió cuando
Felipe González cambió la pana por el chaqué para jurar el cargo ante nada menos que el Rey. Después hubo sus más y sus menos: los escándalos financieros del pelotazo, algo tan grave como los GAL, la llegada del PP al poder y una segunda legislatura de
Aznar enquistada y autista que culminó con el nunca suficientemente llorado 11-M. Había que recuperarse de la tragedia y cambiar de aires. Y fue entonces cuando llegó ZP con su talante a cuestas.
Es muy posible que España pidiera más diálogo, un baño de buena voluntad, no meternos en guerras que no eran nuestras y una cierta serenidad. ZP era el elegido para eso pero todos lo sabían menos ZP. Al nuevo presidente le debió parecer poco resolver los problemas cotidianos de los españoles y en su primera noche en La Moncloa soñó que él era el elegido para protagonizar algo que nadie pedía ni con urgencia ni a gritos: la segunda transición. Y bajó a los sótanos del palacio y empezó a remover los trastos viejos: en un rincón, enmohecidos y bochornosos, estaban los sables que un día hicieron ruido en los cuarteles. Un poco más allá todos los modelos de las dos españas (la rica y la pobre, la beata y la anticlerical, la unitaria y la dispersa... tantas). También estaba, hecha jirones de olvido y roja de sangre, la vieja idea de que ETA... pues no, claro, pero hay que reconocer que...
Cuando ZP al día siguiente se sentó en su despacho, sólo vio luz y buenas caras, jefes de gabinete con el resumen de la prensa favorable, portavoces dispuestos y secretarios complacientes. Se sintió histórico como un nuevo Moisés. Pero en los sótanos de Palacio, los viejos fantasmas se habían despertado y sobrevolaban silenciosos el futuro. Su presencia, dos años después, empieza a ser evidente.
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