El Código Unificado ¿del buen amigo? Francisco Mora20/01/06Como sucedió con los Códigos Olivencia (1997) y Aldama (2003), tampoco ahora serán de cumplimiento obligatorio las recomendaciones sobre buen gobierno corporativo propuestas por la comisión asesora de la CNMV creada para armonizar y actualizar los dos códigos citados. Poco nuevo bajo el sol con este Código Unificado de Buen Gobierno que va a parir la CNMV y que se queda tan corto como sus hermanos mayores. Es otro texto voluntarista, y ¡menos mal!, pues así será posible eludir otra andanada de medidas burocráticas que en más de un caso no hace sino obstaculizan el gobierno de la empresa, a cuenta de su
'buen gobierno'. Pero el lobo intervencionista enseña de nuevo las orejas con el principio de
'cumplir o explicar', que obliga a las sociedades cotizadas en bolsa que no cumplan las recomendaciones a explicar y razonar públicamente porque lo hacen, lo que puede afectar a su reputación.
El nuevo código refuerza algunas buenas recomendaciones de los anteriores e incluye otras hay que aplaudir, pero es un desafío al mercado y, probablemente, al sentido común en muchas de sus propuestas. Además, leyendo las lista de las 74 recomendaciones mas parece que estamos ante una reforma de la Ley de Sociedades Anónimas que ante la defensa de los pequeños accionistas, que es la obligación de la CNMV.
Las empresas que cotizan en bolsa tienen mucho trabajo por delante, o tendrán que contratar muchos servicios externos, si quieren cumplir con ese Código Unificado que mas parece escrito para tutelar el bolsillo de los asesores de empresa que el de los accionistas. Una sospecha que se refuerza con la promoción que hacen del consejero independiente como la panacea del buen gobierno. ¿Es ese el futuro al que aspiran algunos de los redactores del Código?
La definición que se hace del consejero independiente es tópica y poco precisa, y le conocemos más por exclusión que por definición, ya que el Código nos dicen lo que no es en un montón de párrafos. Pero esas cautelas no impiden que los independientes, encargados de velar por los intereses de los pequeños accionistas, sigan siendo los buenos amigos del presidente y de los grandes accionistas, con el agravante que ahora se les blinda en un cargo que pueden mantener durante doce años.
Quien defiende los derechos del pequeño inversor no suele ser el consejero que no arriesga un euro en la empresa que le paga espléndidamente, sino el que representa la propiedad, se juega su dinero y tiene los mismos intereses que los demás accionistas: una buena gestión y un alto dividendo. Ese es el verdadero independiente. Emilio Botín no será un independiente de código, pero para los accionistas del SCH resulta mejor consejero que un independiente catedrático de Economía.
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