Batasuna y las goteras del EstadoAntonio Casado19/01/06Arnaldo Otegi (Elgoibar, 1958), ex militante de ETA y ahora líder de la organización que representa a ETA en los ámbitos políticos, organización ilegalizada y con sus actividades suspendidas al menos durante dos años más por orden judicial, no irá a la cárcel porque, según el recurso de sus abogados, aceptado ayer por el Tribunal Supremo, no fue juzgado con imparcialidad cuando el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco le condenó a 15 años de cárcel por enaltecimiento del terrorismo.
Enaltecimiento del terrorismo es como aplaudir a ETA, hacerle la ola, estar encantado de haberla conocido, llorar de emoción ante los patriotas vascos que mueren mientras preparan artefactos explosivos para matar a otros y rendirse a la generosidad de los etarras
'gudaris' que se dejan la piel en su lucha por el derecho de autodeterminación, sin dedicar un solo minuto de su averiado pensamiento al quinto mandamiento de la Ley de Dios: No matarás, según le debieron enseñar los hermanos de La Salle en el colegio de Eibar, cuando todavía soñaba con jugar algún día en la Real Sociedad.
Todo eso no tiene importancia. Se trata de contar con un buen abogado, un leguleyo de su misma camada negra, experto en vacíos legales, fraudes de ley y goteras del Estado de Derecho. Para hacer la trampa hay que conocer la ley. Y los abogados de Batasuna la conocen al dedillo. Hasta el punto de que el mismísimo fiscal general del Estado, una figura políticamente contaminada por los deseos del Gobierno de turno, ¡ay!, entendió en esta ocasión que el recurso de Arnaldo Otegi estaba justificado.
El resultado de amontonar todos estos elementos en un artículo de opinión, no en una resolución judicial, puede ayudarnos a entender por qué este miércoles, cuando muchos celebrábamos la suspensión judicial del congreso de Batasuna, cinco magistrados del Tribunal Supremo ordenaban la repetición del juicio que en su día había condenado a Otegi a 15 años de cárcel. Una vez más, el principio de legalidad y el garantismo de nuestro Estado de Derecho, aún en pugna con el sentido común, volvía a favorecer a quienes militan en la conspiración permanente contra el sistema que les ampara.
Por eso, y a la vista de los acontecimientos de estas últimas cuarenta y ocho horas, uno entiende que, aparte de haber dejado en evidencia al Gobierno y, muy concretamente, a
Rodríguez Zapatero, la resolución y el posterior oficio del juez
Grande Marlaska sobre la suspensión de actividades de Batasuna y las órdenes para que la policía judicial impida el congreso de esta formación ilegal, viene a demostrar sobre todo que el sentido común no está reñido con el imperio de la ley.
Aunque sólo fuera por eso, la ciudadanía debería darle las gracias a este juez de la Audiencia Nacional que, con la ley en la mano e interpretando el sentir de la gente de bien, la gente normal, decente, sensata y cumplidora, llegó a donde hasta el Gobierno y la Fiscalía del Estado decían que era difícil llegar.
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