El que mucho habla, mucho yerra
Rosa Villacastín11/01/06Qué lejos quedan aquellos tiempos en que nos acostábamos con el miedo pegado al cuerpo, pensando si a algún alto mando militar insomne se le ocurriría sacar los carros de combate a la calle. Qué lejos los ruidos de sable, las estrategias en los cuartos de banderas, el cuartelazo de
Tejero que dentro de unas semanas cumplirá 25 años y que tuvo la virtud de que después del 23 F, a ningún otro militar se le ocurriera una aventura similar. Qué lejos y qué cercanos, ahora que los militares empiezan a decir en las tribunas lo que estamos hartos de escuchar en los pasillos del Congreso, en los cocteles o en los desayunos, a los padres de la patria. A esos que como
Bono,
Rajoy,
Vázquez,
Acebes,
Ibarra o
Carod Rovira, se ponen cachondos sólo con ver una alcachofa o una cámara de televisión.
No sé si las medidas disciplinarias aplicadas con todo rigor al general
Mena, servirán para que los políticos contengan su afilada lengua, no sé si para que se den cuenta de que antes de decir una boutade deberían contar hasta diez, incluso hasta veinte para ver si de esa manera logran que el ciudadano de la calle vuelva a creer en su clase dirigente.
Porque aún estando todos de acuerdo en que el Estatuto de Cataluña es una pasada, también es justo reconocer que los partidos que lo avalan no han hecho nada fuera de la legalidad vigente, puesto que han cumplido escrupulosamente con lo que establece la Constitución, por más que a algunos les pese y quieran sacar votos a costa de poner a los militares de los nervios, a la Iglesia en pié de guerra, y a la democracia al borde del abismo.
No es más patriota quién más chilla, ni a quién más se le llena la boca hablando de la bandera de España, de la Nación, de lo buenos españoles que son. Si yo tuviera que votar hoy, lo haría por quiénes defienden en las Instituciones sus ideas, incluso sus divergencias, aceptando lo que al final decida la mayoría.
Los españoles hemos dado muestras a lo largo de estos treinta años de nuestro buen talante, antes incluso de que
Zapatero hiciera alarde del suyo, cumpliendo con nuestros deberes cívicos, manifestándonos contra aquellas decisiones que iban en contra de la paz, luchando por conseguir un nivel de vida mejor, una educación que esté más acorde con los tiempos que corren, pero sobre todo respetando la opinión del contrario, cuando todos pensaban que eso jamás lo íbamos a conseguir. ¿O ya nadie se acuerda de las consecuencias funestas que tuvo el enfrentamiento de las dos españas? Ojalá que esos políticos provocadores y parlanchines, no tengan que arrepentirse algún día de lo que dicen hoy.
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