Hoy, aquí y ahoraFrancisco Muro de Iscar
16/01/2006
Dice
Jordi Pujol, al que siempre hay que escuchar con atención, que
"con Estatuto o sin él, es muy probable que el final sea negativo para Cataluña". Y para España. El político catalán opina,
"con tristeza", que este debate
"va a dejar secuelas no fáciles de remediar". Artur Más, su delfín, que ha sacado petróleo de donde sólo había agua, mantiene lo mismo:
"estamos más cerca del 'no' al Estatuto que del sí". Pero lo que más me ha llamado la atención de lo dicho por ambos políticos catalanes, por encima de que se sienten incomprendidos y agraviados, es lo que ha dicho el ex presidente de la Generalitat:
"deberíamos estar todos ciegos para no darnos cuenta de que hay algo en España que no funciona".
¿Y qué es lo que no funciona? Da la sensación de que hay muchas personas que no están donde deben o que no saben donde tienen que estar. No funciona el diálogo ni el talante. No funciona el debate abierto, limpio, sobre argumentos. Estamos perdiendo la esperanza y trabajando sólo sobre el corto plazo. Hemos aprendido a lamentarnos en lugar de a luchar para cambiar el mundo. No buscamos la felicidad personal ni la colectiva, que debería ser el objetivo de los políticos, sino acabar con el contrario. El insulto en los medios de comunicación raya, en alguna ocasión, con el delito. Claro que no funcionan muchas cosas, porque una democracia debería ser un sistema en el que se trabaja desde el respeto a todos por el bien común, no por el particular.
Decía hace unos días
Bernabé Tierno en la presentación de su ultimo libro (
'Hoy, aquí y ahora', Temas de Hoy) que
"muchas personas se fabrican su propia desgracia y parece que la están buscando permanentemente". Son rumiantes de desgracias. También hay personas que viven instaladas en la agresión permanente. Todo es negativo si viene del otro. Y esa cultura de violencia que se predica en muchas tribunas de uno y otro lado llega a la gente, se instala en la calle y en las personas y acaba convirtiéndose en cotidiana.
Dice Bernabé Tierno que hay personas que se levantan por la mañana pensando qué daño pueden hacer al otro, en lugar de pensar qué pueden hacer para dar felicidad a los otros y que esos son los que trastornan el mundo. Entre los que agreden y los que se apartan de la lucha y se dedican a su interés personal, algo no funciona en España. Tiene razón Pujol. Le escuché decir un día a
Facundo Cabral que si todos se dieran cuenta de que es mucho más rentable ser bueno que ser malo, el mundo cambiaría en dos minutos. Seguramente no podemos alcanzar la felicidad perfecta, pero deberíamos exigir que, al menos, no añadan dificultades a las que encontramos en el camino. Dice Tierno que aún estamos a tiempo de ser felices. Amén.
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