Alarma social
Ramón Pi
09/01/06El arresto y previsible destitución del teniente general
Mena tiene como una de sus causas, según el Ministerio de Defensa, un concepto jurídico indeterminado: el de alarma social. Las palabras del Jefe de la Fuerza Terrestre causaron alarma social, según el Ministerio. Yo estoy de acuerdo con esto, lo que no quiere decir que responda a la realidad, porque no existe el
'alarmómetro' o aparato de medir la alarma de una sociedad: hay que guiarse por indicios, por manifestaciones públicas, etcétera. Después, el propio ministro se ha olvidado de la alarma social y ha aludido a la indisciplina, que no sé yo si en este caso es de aplicación, porque habría que saber qué precepto concreto habría infringido el teniente general, que dijo que los militares no tienen que meterse en política, aunque tienen la obligación de
"alertar", y el ministro ha dicho a su vez que los militares no tienen que alertar de nada.
Pero todo esto son disquisiciones, quizás sólo útiles en un proceso, y que a efectos políticos me parecen ganas de marear la perdiz. Así que hablemos en términos políticos. El general Mena leyó el artículo 8 de la Constitución, y se montó el lío, que puede calificarse de alarma social. Pero si se monta el lío por la lectura de un artículo de la Constitución, me parece que es porque antes ya existía la alarma social, otra alarma social, la derivada de un riesgo próximo de enviar la Constitución al cesto de los papeles de la peor forma posible: fingiendo que está en vigor, y haciendo lo contrario de lo que quiso el constituyente. Y para mayor inri, con el Gobierno legítimo perpetrando esta fechoría.
Si el general Mena hubiera añadido que, en cualquier caso, las Fuerzas Armadas no tienen ninguna capacidad de iniciativa y sólo pueden actuar constitucionalmente obedeciendo una orden del poder civil legítimo, el revuelo no se habría producido. Pero no lo dijo, y muchos han entendido sus palabras como el aviso, o la amenaza, de un golpe militar.
En conclusión (provisional, por supuesto), el general Mena tiene merecido lo que le ha pasado, y el pueblo soberano tiene perfecto derecho a alarmarse, y mucho, por un Gobierno granuja que quiere estafarlo con un Estatuto de Cataluña que amenaza con volver la Constitución del revés, sin dar al pueblo soberano siquiera la oportunidad de pronunciarse.
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