Zapatero y la legalidadAntonio Casado13/01/06Tiene el señor
Zapatero una peligrosa tendencia a dispararse en el pie sin necesidad.
"El concepto de nación es discutido y discutible" (Cataluña) y su famoso
"Aprovecharé cualquier oportunidad" (el fin de ETA) pasarán a los anales como dos de sus más sonoras torpezas.
Torpezas verbales. Importa mucho en una democracia declarativa y mediática como la nuestra, aunque también conceptuales, porque proyectan su modo de afrontar los dos grandes asuntos que pueden arruinar su paso por Moncloa o consagrarle como un genio de la política nacional (
"Si fuera un genio ya se sabría", suele decirme un amigo).
Ha vuelto a ocurrir. El presidente del Gobierno hizo el jueves pasado algunos comentarios respecto al congreso que una organización política ilegal pretende celebrar el próximo día 21 en Baracaldo. Y acabó formulando una retórica invitación a optar entre el derecho de reunión, que asiste a todos y cada uno de los ciudadanos españoles, y una sentencia del Tribunal Supremo que, en aplicación de una ley orgánica, expulsó del marco legal al brazo político de ETA.
Aparte de la vía penal seguida en la Audiencia Nacional, la ilegalización de Batasuna como partido político en sus distintas denominaciones (marzo de 2003), responde a una gran operación institucional y política en la que participaron los tres poderes del Estado. El resultado de esa operación está vigente, porque vivos están los motivos para dejar fuera de juego a Batasuna, y forma parte del tejido legal.
La naturaleza de Batasuna como organización proscrita, aunque exista de hecho, es parte integrante de la legalidad. A todos nos concierne. También al presidente del Gobierno, y muy especialmente al Ministerio Fiscal, obligado a actuar en defensa de la legalidad frente a quienes quieren dinamitarla. Más allá de los fraudes de ley, la mala fe, el filibusterismo jurídico y el proverbial aprovechamiento que ciertas organizaciones políticas hacen de los vacíos legales del sistema.
Lo malo de la declaración de Zapatero es lo que proyecta. No percibe a Batasuna como un enemigo del sistema ni su discurso manchado de sangre porque, de otro modo, sería el primero en querer pararle los pies. Lo que muestra, en cambio, es una peligrosa condescendencia inspirada en dudosas expectativas de paz que, en todo caso, y debería saberlo después de treinta años de experiencia, dependen de ETA y no de lo que haga o deje de hacer el Gobierno de la Nación.
Todos sabemos el uso que hará Batasuna del derecho de reunión, lo que de entrada abre el paso sin más a la aplicación de principio de legalidad. Las reticencias de Zapatero, con la excusa de que hace tres años se exageró al aplicar una ley
"muy restrictiva", me hacen ver sus declaraciones como una bofetada al sentido común y otra al principio de legalidad.
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