Nudo gordiano
Gabriel María Otalora
09/01/2006
Cuando Alejandro Magno capturó la ciudad de Gordio, encontró un carro atado a un poste con un nudo de una extraordinaria complejidad. El que desatara el nudo conquistaría Asia, le dijeron.
Recuerdo esta conocida leyenda, al enterarme de que, otra vez, decenas de personas han muerto en varios atentados, da igual a manos de quien. No voy a cansarles repitiendo las soflamas de Bush, Blair o Aznar en torno a la guerra justa, defensiva, salvadora… ajena por completo a cualquier plan diseñado para extender su influencia política y su poder económico a costa del petróleo iraquí.
Entonces Alejandro, a pesar de que fue instruido durante muchos años por el mismísimo Aristóteles, lejos de pensar ni un segundo en la manera de desenmarañar el nudo, utilizó la fuerza bruta y cortó el nudo de un solo tajo. Todo lo contrario a lo que haría un intelectual, o un político con sentido común y talla moral; pero lo que primaba en su vida era la conquista misma, no cómo conseguirla.
Así pues, cuando los poderosos norteamericanos creyeron reconocer la oportunidad para derrocar a Sadam, y los analistas expusieron las muchas dificultades de una acción así por lo complejísimo de la situación y el delicado equilibrio existente en la zona, también sacaron a relucir su fuerza más bruta contra el nudo gordiano que les hicieron ver los expertos.
El resultado de Alejandro, es que murió joven con la amargura de saber que le quedaba mucho más mundo por sojuzgar que el vertiginoso avance de conquistas realizado con éxito en tan poco tiempo. En cuanto a Bush y los suyos, más de una vez se habrán arrepentido de su prepotencia y soberbia, seguramente no por humanitarismo, sino por el fastidio de ver como el control de una mina de oro negro tan barata, en principio, cuesta ya demasiadas vidas a sus soldados y más dólares de los previstos. Es decir, un precio excesivo en imagen y en votos.
Todos, mal que bien, han reconocido algunos errores graves: Colin Powell, Blair y Bush mismo… Bueno, casi todos; que se sepa, Aznar se mantiene encastillado en sus manifestaciones iniciales. En cuanto a los iraquíes de ahora, al igual que los pueblos sometidos por Alejandro Magno entonces, son los extras del escenario. Y mejor que no se les ocurra plantear un nudo gordiano.