Evo Morales y las ministras del Vogue
Jesús Nieto
07/01/2006
Habitamos tiempos difíciles para la democracia. Si bien, esta amenaza a la impostura que nos venden como democracia no redunda en el plano institucional, sino más bien en el día a día del quehacer político. Tal dificultad, anida en que en la porción temporal que nos ha tocado vivir, el espíritu de la democracia vaga errante por los pasillos del Palacio de Congreso, aunque para las señorías pese más una bandera aldeana o una OPA que el plato de lentejas en la mesa de los españolitos.
Por esta corrupción moral de la política, afirmo hoy, con la certeza que da el intuir de todo y no saber casi de nada, un tesis que estimo tan novedosa como descabellada acerca de la actual coyuntura política, pero que dada la catadura moral de los parlamentarios, pudiera parecer inmersa en la línea de flotabilidad de la normalidad. La tesis mencionada, versa sobre el “affaire del tabaco”, o lo que es lo mismo, el tabaco como motor de la vida política de un tiempo a esta parte.
Tanto es así, que “manteniendo esta línea de investigación”, Acebes dixit, pudiéramos sentenciar que Mariano Rajoy no ha recibido a Evo Morales por la causa de que no pudiese disfrutar a sus anchas el arte del fumeque de habanos, y no mencionar de este modo, oscuras razones que pudiesen aludir a la bajeza que para un descendiente gallego de indianos, supusiera conversar con un indígena de las plantaciones.
En el otro charco del arco legislativo, el presidente que según algunos romperá España y para él mismo habrá liberado la patria plural del maligno “caldo de gallina”, recibe al líder cocalero boliviano, que embutido en un liviano jersey de punto andino, desafía el inclemente frío con sol matritense.
Una moda indígena y sencilla, de socialismo descarnado y esencia boliviana, distinta a las estampas de lujo y glamour a las que las ministras del talante nos acostumbran en la portada del Vogue.