Los errores de ZapateroCarlos Carnicero11/01/06No hace falta que un militar insubordinado sobrepase las Reales Ordenanzas Militares y amenace con una aplicación particular de la Constitución, para darse cuenta de que se están cometiendo errores políticos serios en la forma de gobernar España. La sombra de la amenaza militar no puede tener explicación alguna, porque admitirla sería insinuar la posibilidad de que exista un poder militar autónomo y ese es el mayor atentado que podría hacerse contra la Constitución Española. Pero al mismo tiempo, sería necio ignorar que el gran consenso que se consiguió, precisamente, con la Constitución, ha perdido fuerza ante las incertidumbres que se han generado por algunas políticas del Gobierno y por la irresponsable forma con la que el PP aprovecha cualquier posibilidad de debilitarlo.
En el horizonte de nuestro país se configuran dos graves decisiones equivocadas, que cada una en su ámbito, prometen serios disgustos al PSOE e inestabilidad política al conjunto de los españoles. La primera es, sin duda, el Estatuto de Cataluña en la forma en la que se está elaborando su proyecto. La tensión centrifuga que traslada su discusión cotidiana -en la que no se sabe bien qué PSOE está en cada uno de los lados de la mesa y qué papel juega el Gobierno- rememora el viejo deporte rural vasco de la soca-tira. Dos equipos de hombres, los más pesados en la parte trasera de la cuerda, pugnan por halar al contrario a traspasar una línea dibujada en el suelo sin que importe otra cosa que ganar la partida, con el solo objetivo de quedarse con el mayor pedazo de sirga.
El otro gran tema que promete la catástrofe es la OPA de Gas Natural sobre Endesa. El presidente ha insinuado que, contra el dictamen del Tribunal de la Competencia, el Gobierno apoyará los intereses de La Caixa y del sistema financiero que está influido por los poderes públicos de las instituciones de Cataluña, que estos días se pretenden reforzar con el nuevo Estatuto. La profunda carga política de esta decisión, de llevarse a cabo, creará un precedente para futuras operaciones que sólo debieran ser empresariales. También se habrán roto las reglas de juego de la economía.
José Luis Rodríguez Zapatero parece ser un hombre terco y concienzudo. En política, a veces, esto constituye una virtud; en la mayoría de los casos, el camino más rápido al fracaso. Pero no es la carrera política de Zapatero lo que nos estamos jugando.
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