La lengua con sangre entra
Antonio Pérez Henares13/01/06Fue una seña de identidad del nacional-catolicismo, o sea del franquismo: imponer el castellano. Obligar a hablarlo a tortas. Y no me lo han contado. Lo he visto con mis propios ojos en el Durango de mi infancia emigrante contra niños vascos. Defender y desarrollar y promocionar en democracia otras lenguas españolas, como el euskera, el catalán o el gallego, ha sido necesario y justo. Lo sigue siendo.
Pero los nacionalismos patrioteros y exacerbados se parecen mucho los unos a los otros en sus filias y sus fobias. Necesitan un nosotros contra un ellos y convertir en enemigo a la historia, la geografía y, por supuesto, a la lengua. La Generalitat catalana emprendió ese tortuoso y perverso camino. Arrinconar y aplastar al castellano para aupar al catalán.
Ahora se quiere dar el último paso con el Estatut. El
'deber' de saber catalán que figura en el texto y que ha pactado el PSOE -algo verdaderamente lamentable en un partido de izquierdas, igualitario y del conjunto de España como dice ser y presume en sus siglas- no es otra cosa que la imposición de una lengua. Por la fuerza, bajo la amenaza. Con resultados concretos tan repulsivos como que a Cataluña no podrán ir funcionarios de otras comunidades, ni médicos, ni jueces, ni bedeles, ni siquiera barrenderos y, por supuesto, ni maestros, profesores o catedráticos por muy sabios que sean pero que no pueden impartir allí sus enseñanzas porque no tienen
'nivel C' de catalán, exigido por ley. Impuesto. Discriminación, desigualdad y privilegio, porque los catalanes, si podrán pedir el destino en España que más les guste, a no ser que los vascos sigan la misma senda y luego por el despeñadero se lancen también los gallegos.
Sin embargo las primeras y esenciales víctimas van a ser, están siendo ya, ellos mismo, el pueblo catalán en su conjunto, sus más jóvenes generaciones. Estas imposiciones, esta practica de extirpar el castellano (la lengua vehicular en la enseñanza no podrá ser elegida libremente sino que será por imposición el catalán, lo que rompe cualquier espejismo de paridad bilingüe), el arrinconamiento pues de la lengua común en todo el Estado y cada vez con mayor difusión a escala planetaria, les está empobreciendo y arruinando lingüísticamente y les traerá las perores consecuencias para su futuro, a no ser que el único horizonte sea el solar nativo. Una lástima y algo que los más avisados ya, de manera privada, intentan sortear para sus hijos, pero también una prueba de hasta qué punto resulta perjudicial este integrismo nacionalista con los que supuestamente pretende defender.
Revive en los hechos el atroz eslogan de los 40. La lengua con sangre y con multas entra. Multas a los comerciantes, espionaje a los médicos para ver en qué escriben, persecución a los docentes castellano-hablantes. Esa es la aberración, que en nombre de la defensa del catalán, maravilloso y dulce idioma, se quiere cometer.
"Poner al castellano bajo la bota" ha dicho Leguina y piensan muchos intelectuales catalanes con Boadella a la cabeza. Por ello ya tienen el anatema
: "fachas". Pues bien si existe algún ribete de fascismo aquí es precisamente en aquellos a los que la palabrita-insulto no se les cae de la boca. Los que pretenden que la lengua con sangre entra y que se impone a los pueblos por decreto. En el fondo nada más que unos paletos con un terrible ataque de boina. Bueno, en este caso de barretina.
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