Maragall; lea el testamento de Gomis
Wifredo Espina
09/01/2006
Nos ha dejado el ilustre y entrañable periodista, poeta y escritor catalán Lorenzo Gomis. Se nos fue con el año 2005; en la tarde del último día del año en que, precisamente, en Cataluña no se editan diarios. En su multitudinaria despedida –gente de calidad intelectual y social, como era él- estaba el president Maragall, con quien tenía amistad En las honras fúnebres se dijeron cosas interesantes y emotivas, empapadas de humanismo cristiano. Lo que no se leyó fue su artículo publicado la semana anterior en “La Vanguardia”, que es la esencia de su testamento político. No habría estado mal su cita o lectura. Está bien asistir a los homenajes de los prohombres que se nos van. Pero, más allá de los ritos, parece coherente escucharles. No se puede pedir que se les haga caso, pero sí que se les escuche, especialmente si se les ha concedido, merecidamente, la Creu de Sant Jordi, máximo galardón de la Genmeralitat. Y Maragall debiera leer atentamente ese artículo-testamento político de Lorenzo Gomis, titulado “Quien representa a quién”, en el que pide una mayor identificación entre los representantes políticos y los representados. Era una pensamiento recurrente en él, sobre todo en las actuales circunstancias políticas. Haría bien Maragall en leerlo o releerlo, y meditarlo.
En un análisis crítico del sistema partidista vigente –que decanta nuestra democracia (poder del pueblo) hacia una partitocrácia (poder de los partidos)- Lorenzo Gomis denuncia que “se da por supuesto que los representados, los ciudadanos, sienten lo mismo que sus representantes, los diputados, sin necesidad de que los representantes conozcan y escuchen a sus representados”. He aquí el meollo de gran parte de nuestros males políticos. Con este distanciamiento entre ciudadanos y sus representantes, vivimos un ambiente de alta ficción e hipocresía. Y el periodista desaparecido lo ilustra con un ejemplo de máxima actualidad.
“Se da por argumento irrefutable –escribe- que una votación del 90 por ciento –o casi- de los parlamentarios a favor de la propuesta de Estatut significa que los representados estaban de acuerdo con un texto que no sólo no estaba aún aprobado ni debatido, sino ni siquiera conocido y leído por la gente. Los representantes son legítimos y han sido elegidos , pero eso no significa que hayan oído a sus representados ni conozcan sus sentimientos y sus criterios sobre cuestiones concretas”. Y con un gesto más de su honestidad intelectual , Gomis añade: “los redactores del texto de la propuesta (de nuevo Estatut) eran menos que los componentes de la muestra que poco antes había dado como resultado un sondeo según el cual eran más los que pensaban que Cataluña era una autonomía como las demás que los que pensaban que era una nación”.
Y remata, el admirado periodista y pensador catalán Lorenzo Gomis, afirmando que en el sondeo “aún había otras opciones” , pero “desde que los redactores (del Estatut) pusieron en el artículo primero la palabra nación se da por supuesto que el 90 por ciento de los ciudadanos opina ya eso y quiere que conste”. Y en su tono de cáustica ironía hace esta pregunta: “¿Se ha pensado que si España es una nación de naciones parece lógico que cada ciudadano español tenga también su propia nación, además de la general, y que eso explica más de una perplejidad?”
Un artículo-testamento político que, se esté de acuerdo o no, da mucho que pensar estos días de cierto nerviosismo, mucho confusionismo y demasiados intentos y prisas de unos para imponer a todos su propia concepción de Cataluña, que es un país complejo y plural. Un país de ciudadanos muy diversos y no sólo de políticos con ideas fijas.
Defender Cataluña es, esencialmente, defender a todos los ciudadanos, no a unos cuantos, ni unas ideas utópicas, quizás bonitas, pero de ayer, de pasado mañana o de nunca.