¿Quién dió cuerda madelman?
Viento de libertad
11/01/2006
A más de uno le extraña estos días que el teniente general José Mena, jefe del Ejército de Tierra, un hombre relativamente joven (62 años), que aún no había nacido cuando terminó la Guerra Incivil y que ha hecho toda su carrera profesional en la democracia, se descuelgue a tres meses de su jubilación con un exabrupto público, calculadamente lanzado en una fecha tan simbólica para los militares españoles como la Pascua Militar. La imagen nos retrotrae a los primeros años ochenta, cuando incidentes como éste menudeaban, si bien originados por jefes militares de menor graduación que Mena. ¿Se trata simplemente de la machada de un tipo que ha querido quedarse a gusto antes de dejar el empleo, sabiéndose cubierto por la proximidad de su jubilación? ¿O estamos ante un incidente planificado por un grupo bien organizado, el primero de una cadena al que probablemente sucederán otros en el futuro inmediato? La aparición de una asociación de militares defendiendo a Mena parece apuntar más bien en la segunda dirección: muy posiblemente estamos ante una provocación en toda regla.
Y por cierto, que se sepa, las asociaciones militares de carácter político o gremial están expresamente prohibidas por las Reales Ordenanzas militares. José Bono haría bien en ponerse a investigar con toda diligencia quién forma parte de ese grupo de golpistas que apoyan a Mena, y sancionarlos con contundencia. El huevo de la serpiente hay que aplastarlo lo más rápido posible, luego es demasiado tarde.
O sea que la cuestión es saber quién ha dado cuerda al madelman. Una pista: la reacción del PP, por boca del señor Gabriel Elorriaga. Mientras todos los partidos condenaban la arenga de Mena, Elorriaga “comprendía” al militar y culpaba al Gobierno español de la situación supuestamente apocalíptica que justificaría el mitin sevillano del “insurgent” teniente general. Luego alguien debió hacerles ver a Rajoy y compañía que al apoyar las palabras de un golpista se habían pasado todos los pueblos posibles, y veinticuatro horas después de la primera declaración Elorriaga tuvo que desdecirse ante los micrófonos.