Encender la mecha
Servet
10/01/2006
Cuando Zapatero fue investido Presidente del Gobierno, e hizo pública su voluntad de reformar la Constitución, Rajoy como líder de la oposición le preguntó a cerca del alcance de las reformas y si contaba con el respaldo suficiente para abrir lo que el denominó (lamento no poder incluir comillas) el melón constitucional.
Zapatero, como es su costumbre, se deslizó en ambigüedades, sonrió a la galería y no concreto para nada sus intenciones. Esa misma pregunta se ha reiterado a lo largo de la legislatura, y se han ido dibujando, en un extraño holograma las pretensiones presidenciales, a medida que los republicanos nacionalistas iban esbozando sus reclamaciones y cuitas.
Dijo Rubalcaba, illo tempore, que el PP o tragaba con las reformas, o tragaba de todas maneras, y a los pocos días salía un estatuto que pretende imponer la España confederal, plurinacional, bilateral y aglutinada bajo la simple afirmación de querer pertenecer a ella de Pascual Maragall, pero sin más garantías ni proyecto.
Cuando se redactó la Constitución del 78, ya existían las confederaciones (EEUU lo fue en sus inicios), los Estados Federales y los cantónales, pero España decidió dotarse de un sistema nuevo, de una España autonómica diferente y que durante más de treinta años, nos ha funcionado. Ahora de tapadillo, a través de una reforma oculta de un Estatuto (que no se reforma sino que es nuevo) se pretende imponer un nuevo modelo, obviando los mecanismos de modificación establecidos en la Constitución, dejando las mayorías cualificadas para su aprobación y solo por el capricho de Zapatero de conservar el poder.
Si es un demócrata, que convoque un Referéndum a nivel Nacional sobre su modelo de Estado Plurinacional (a todos afecta) que implique a toda España en el modelo territorial, ya que cuando uno tiene la razón, no ha de dudar sobre la legitimidad de sus propuestas, de lo contrario que se vaya a casa, Aunque fuera de escenario, Mena tiene razón, su juramento le obliga como a ZP