A su casa, sí Consuelo Sánchez Vicente09/01/2006Ni recuerdo el tiempo que hace que los militares no eran noticia en este país. Mala noticia, quiero decir, porque buena lo son a menudo. El
"malestar" de saber que el día 11 vuelven a España ha causado a los soldados desplazados en misión humanitaria al terremoto de Pakistán, por ejemplo, yo creo que es una de esas buenas noticias. Volverán, porque así lo ha decidido el Gobierno. Pero, que hagan saber al Gobierno por el conducto reglamentario que les duele tener que dejar de hacer por las víctimas lo poco que en realidad están pudiendo hacer, no entraña indisciplina alguna. Justo lo contrario, de lo que estamos viendo en la que, desde mi punto de vista, es una de las peores noticias de lo poco que llevamos de año, el caso del Teniente General Mena.
Lo del
"conducto reglamentario" y
"la disciplina", en el Ejército, es fundamental, la
"gente armada" no funciona de forma asamblearia, sino jerárquica. Y, en democracia, a las órdenes del poder civil, porque, en la cúspide de la cadena de mando militar, en democracia, está la soberanía popular, representada por el Gobierno que sale del Parlamento que usted y yo elegimos en las urnas. ¡Afortunadamente!, me apresuro a añadir. Por mala que sea la opinión que los ciudadanos tenemos de los políticos, si los militares (gente armada, repito) solo tuvieran que atenerse a su propio criterio para hacer (o deshacer) política, la mayoría desarmada estaríamos a merced de una casta. O sea, como en las dictaduras.
Sin volver sobre sombras que aun tenemos presentes en este país tan dado a las
"asonadas", "alzamientos" y
"pronunciamientos" de tanto
"hombre providencial" como hemos padecido: cuando un militar con mando en plaza, como el Teniente General Mena, utiliza un acto en el que representa oficialmente al Rey para lanzar una arenga política a sus subordinados (es decir, a unos ciudadanos que le deben obediencia) contra algo que él cree que es
"malo" para España, está traicionando la confianza depositada en él, abusando ilegítimamente de su posición, y saltándose todas las leyes que ha jurado; de la Constitución a las Ordenanzas Militares, sin faltar una. En democracia, tanto si se comparte la preocupación que este general ha expresado como si no se comparte, alguien así no puede seguir ni un segundo en el cargo. Bien cesado está.
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