Evo Morales en España
Antonio Casado04/01/2006
Para este jueves ha dejado
Evo Morales sus contactos con la demarcación política que puede ser más comprensiva con sus postulados. A saber:
Gaspar Llamazares, de Izquierda Unida, y los líderes de las dos principales centrales sindicales españolas.
Méndez, de UGT, y
Fidalgo, de CC OO.
Sin embargo, acabará notando en estas entrevistas que se repite un mismo mensaje, similar al ya recibido en la jornada del miércoles a través de su entrevista con el presidente del Gobierno,
Rodríguez Zapatero, un par de ministros y algunos representantes empresariales.
El mensaje es una apelación a la prudencia en el ambicioso programa
'nacionalizador' que pretende llevar a cabo en Bolivia mediante un plan de desarrollo productivo y una nueva Ley de hidrocarburos, las que más pueden afectar, sobre todo la segunda, a las inversiones españolas en el sector energético (Repsol, Iberdrola, REE).
El mensaje tiene un nombre técnico de alcance político:
"seguridad jurídica". Un concepto perfectamente asumido en los sistemas democráticos. Viene a ser la levadura de la Democracia. Pero es de incierta aplicación práctica en un país que, amén de ser el más pobre de la América Hispana, vive con la sensación de estar siendo excluido de los beneficios que reporta la explotación de sus recursos naturales.
Seguridad jurídica no es otra cosa que la prevalencia de la ley frente a la arbitrariedad. Es decir, reglas de juego en los procesos inversores que afectan a nuestras empresas. Pero eso no excluye que un gobernante democráticamente elegido quiera lo mejor para su pueblo en el ejercicio de un mandato de la soberanía nacional.
Sin embargo, Evo Morales (Oruro, 1959, indio aymara), no ha sido bienvenido en parte del espectro político español. Se ha encontrado con algo parecido a la falta de respeto hacia su persona en ciertos sectores de la derecha política y mediática que podrían perjudicar a los intereses de las empresas españolas presentes en la economía boliviana. Desde esa demarcación política ya ha recibido dos recados el presidente electo de Bolivia. El primero, cuando fue objeto de una broma de mal gusto en la COPE. Y el segundo, cuando Moncloa le comunicó que el líder del principal grupo de la oposición parlamentaria,
Mariano Rajoy, no tenía la menor intención de entrevistarse con él.
El PP, a través de
Jorge Moragas, comunicó personalmente a Evo Morales en septiembre, cuando éste sólo era un candidato, un mensaje preciso, escueto: que se respeten nuestras inversiones. Pues si las respeta tanto como le respetan a él en el partido de Moragas, pobres inversiones españolas.
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