Streptease en la bolsa
Francisco Mora30/12/05El pasado 24 de noviembre, con el real decreto 1333/2005, culminó la trasposición en España de las directivas de la Unión Europea contra los abusos en el mercado de valores. Otra batalla ganada por la transparencia, pues en esa fecha entró en vigor la obligación de que los administradores y los directivos de las sociedades cotizadas informen al mercado del precio al que venden o compran las acciones de su empresa.
Conocer esos precios de compraventa, un dato hasta ahora oculto, es fundamental para los pequeños inversores, pues administradores y directivos son los que tienen mejor información para poder valorar cual debe ser la cotización real de una acción. Además, con esa información se evitarán los precios privilegiados o, si no se evitan, por lo menos sí que conoceremos quienes son los que disfrutan de esas prebendas que no están al alcance de la mayoría de los accionistas.
Con cuentagotas, ya ha empezado a conocerse al precio al que compra acciones el consejero de la sociedad X, o al que vende el director general de la empresa, pero todavía son muchos los que incumplen el real decreto, amparándose en que la trapisonda CNMV actual no ha tenido tiempo de aprobar una circular en la que se detalle el formulario que hay que rellenar para facilitar los precios de compraventa. Habrá que armarse de paciencia, pero la suerte ya está echada.
En una coyuntura en la que los inversores retornan a la bolsa esa información sobre precios es una ayuda inestimable para poder invertir mejor. La bolsa ha tenido en 2005 un buen año, con un crecimiento medio de las cotizaciones cercano al 20 por ciento, pero todavía está distante de los índices alcanzados a principios de 2000, antes de que estallara la burbuja tecnológica de internet y se derrumbaron muchas cotizaciones y, con ellas, el valor de muchas carteras.
Ahora tenemos unos tipos de interés bajos, que posiblemente seguirán así; los resultados de la mayoría de las empresas cotizadas son buenos, y van a seguir siéndolo; se ha elevado la rentabilidad por dividendo, en muchos casos por encima de la inflación y de la rentabilidad de otros activos, y la pérdida de interés por la inversión en viviendas propicia que llegue más dinero al mercado de valores. Hay razones para que no decaiga el ánimo de los inversores en bolsa y, si se le refuerza con más transparencia en los precios, cabe esperar que 2006 sea otro año bueno.
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