El caso COPE, a tope
José Cavero22/12/05Posiblemente ésta sea una historia de excesos, desde varios puntos de vista. En esencia, y de una parte, el exceso de unas opiniones, como tales opiniones perfectamente libres y siempre justificables, emitidas por parte de quienes han llegado a ser calificados por sus propios compañeros de oficio de
'talibanes' extremosos. Y en el otro lado, el exceso de algunas reacciones de abierta discrepancia y de queja reiterada, que ha venido finalmente a sintetizar el Consejo Audiovisual Catalán al considerar que la COPE, la cadena radiofónica propiedad de la Conferencia Episcopal, vulnera la libertad de expresión y vulnera, consiguientemente, la Constitución española vigente.
A nadie del oficio de informar le puede complacer que la situación haya llegado a un punto que muchos temen que pueda llegar a no tener retorno, por la agudización de posiciones.
Federico Jiménez Losantos y su equipo de colaboradores han extremado su actuación profesional hasta convertirse en ideólogos de una posición político-moral-religiosa en la que la posesión de la verdad propia se antepone y tiende a arrollar cualquier opinión ajena. Pero tal actitud, mantenida desde una cadena de emisoras privada sin duda no hubiera tenido la repercusión que alcanza cuando el medio informativo es propiedad de la Conferencia Episcopal, porque en este caso, las opiniones personales de un grupo de profesionales se tienden a confundir con la opinión de la propia santa madre iglesia católica, apostólica y romana, algo del todo injusto, inadecuado e inconveniente.
Por si fuera poco, en el agitado momento que viven las relaciones de la COPE de Jiménez Losantos con ERC, con el tripartito catalán, con La Caixa, con
Montilla, con buena parte del Gobierno de la Nación y con mucha parte de la opinión pública, ha surgido el episodio menor de una broma gastada por un grupo humorístico de la misma cadena radiofónica al presidente electo de Bolivia. Los humoristas se hicieron pasar por
Rodríguez Zapatero y lograron conversar con
Evo Morales para felicitarle por su éxito electoral e invitarle a visitar España. El incidente no hubiera pasado de una broma de mejor o peor gusto, pero en un clima ya de por sí y de antemano crispado e hipersensible, la broma pasa a ser incidente diplomático molesto e inoportuno, por el que ha tenido que disculparse el propio jefe del Gobierno español. Están en juego muchas inversiones españolas en el país andino como para que una broma pueda entorpecer un buen entendimiento en el comienzo de un mandato presidencial ya de por sí delicado en sus efectos, según todos los analistas y conocedores de la situación.
Cabe suponer que las tensiones tenderán a reducirse, aunque tampoco se excluye que alguna otra gota ayude a colmar el vaso de los desencuentros.
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