Paisaje Rural
Agustín Jiménez20/12/05
Nadie, en nuestras sociedades, se atreve a poner en solfa los intereses de la gente del campo, en torno a la cual se ha conformado un sistema de subsidios que para sí querrían los herreros, los informáticos, los sastres o los curas, a quienes, a partir de poco, por orden de Bruselas, habrá que aplicar el IVA. Las sociedades ricas se han construido sobre el presupuesto de que los trabajadores rurales deben tener una vida asegurada, a cambio de la cual preservan la base de la cadena alimentaria, garantizan el equilibrio territorial y cuidan el paisaje y cuya discusión desencadena protestas insoportables.
Cuando nuestros políticos van a negociar a Bruselas o a Hong Kong, pueden cuestionar cualquier cosa menos el capítulo rural. Capítulo que se traga la mitad de las finanzas y las energías públicas. Es dudoso que la globalización se inventase para favorecer a los países pobres. Pero, una vez que estos han empezado a acudir a la mesa de negociaciones, es iluso creer que las cosas van a seguir como estaban. Unas décimas de más o de menos en el precio de un producto o en un arancel de aduana o la proporción de un componente determinado en la definición de un artículo marcan para muchas poblaciones la línea que divide el comer del no comer.
En Bruselas, con otros matices, y en Hong Kong, inevitablemente, se ha acordado empezar a disminuir subvenciones agrarias dentro de unos años. Una idea estupenda a condición de que, entre tanto, ciertas poblaciones de África, Asia y América encuentren qué llevarse a la boca. La estrategia de los ricos parece reducirse a mantener sus privilegios el máximo tiempo posible. Pero los pobres, que van teniendo proyectistas y ordenadores, se organizan cada vez mejor. El resurgimiento de los regímenes
'de izquierdas' en América Latina muestra que los liberales no han sido aún capaces de aportar modelos convincentes a Cuba, a Brasil, a Venezuela y ahora a Bolivia.
Algún día, si las mesnadas populares de los países ricos adquieren algo de inteligencia, de corazón y de vergüenza, reclamarán tal vez a sus representantes, cuando estos vayan a negociar a mesas internacionales, no que vuelvan con más dinero sino que contribuyan a hacer habitable un mundo en que viven otros muchos seres humanos. Hay quien no se entera pero detrás de los Pirineos y debajo de Gibraltar hay mucha gente y muchas cosas. Pero a ver quién explica esto a un
Rajoy, aunque ya estemos en Navidad.
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