Elogio del insultoAntonio Pérez Henares
23/12/05El insulto es inherente a la política. Zaherir al enemigo va unido a la naturaleza humana y pretender lo contrario es suponer ángeles a los hombres y arcangélicos a los políticos. Un parlamento no puede, ni debe, ser jamás un coro de seráficas voces en loa perpetua a las gracias del poder. Es lo contrario. El poder ha de ejercerse y la oposición también. Pretender otra cosa, además de una falacia, sería perverso. Rasgarse las vestiduras ante la critica como si les estuvieran partiendo el alma no deja de ser puro teatro electoral. Y digan lo que digan tampoco percibe uno que los rugidos sean tan estremecedores.
Los grandes oradores de la antigüedad, fueran el griego
Demóstenes o el romano
Cicerón ponían ya fuera en el Ágora o en Foro como trapos a
Filipo de Macedonia, al pobre
Catilina o al mismísimo
Julio César. Ejercían la oposición. Muy bien, además, aunque con notorios y contrastados riesgos.
En el parlamentarismo español ha sucedido lo mismo. Y mucho más encendidamente que ahora. Y aunque uno no añore ni los duelos en que algunos acaban ni los quebrantos civiles en que terminaron otros si valora el ingenio.
"Usted es tan antiguo que aún lleva calzoncillos largos" espetó un diputado.
"¡Que indiscreta es su señora!" replico con hiriente ingenio el aludido.
En nuestra actual democracia sabía insultar Guerra, pero ahora está retirado leyendo a Machado y sufriendo el Estatut. Y se ha instalado todo un vocerío sobre el insulto que requiere mas que una reflexión una colleja por suponernos a los demás tontos.
El jueguecito consiste en pasarse el día clamando por los insultadores que son los otros y de que
"crispan" una enormidad al personal, para finalizar, a su vez, la parrafada con una retahíla de insultos a cual de ellos más vulgares y manidos. Insultan todos, pero el problema es que lo hacen mal, sin ingenio ni inteligencia. Ni siquiera con dedicación.
Y eso es lo que se exige. Lo mínimo a lo que tenemos derecho es a que se insulten con cierto estilo. Así que estos días y al contrario que tantos que han puesto gritos en cielos y editoriales, yo me congratulo. Porque veo que empiezan a esmerarse.
"Patriotas de hojalata" ya tiene un aquel y una búsqueda y lo de
"bobo solemne" es todo un descubrimiento. Nadie, además, ha de asustarse por ello. Ni debe. Es parte del teatro y de la puesta en escena como lo es este atracón de dulzura y felicidad que hemos de tener y desear por fuerza en Navidad. Que se insulten todos con estilo y gracia y se dejen de la tontuna, solemne por supuesto, de acusar de insultar sólo a los otros. Ese si que es un insulto a la inteligencia de todos nosotros.
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