La herencia envenenada del franquismo
Tresenuno
23/11/2005
Ayer Domingo se cumplieron treinta años desde la muerte del dictador Francisco Franco. Durante estos días hemos visto y oído diferentes análisis acerca de lo que habría cambiado la sociedad española durante todos estos años. En el fondo, hay pocas razones para la celebración. Porque el dictador murió en su cama alardeando de haberlo dejado todo atado y bien atado.
Se conmemoran los treinta años de la muerte de Franco con las derechas manifestándose por la calle. Lo que son las cosas. Hace treinta años eran los rojo-separatistas los que se manifestaban pidiendo libertad y amnistía.
La derecha y los obispos, algunos obispos, todo hay que decirlo, se manifiestan a favor de la libertad. Por la amnistía y los estatutos de autonomía no se manifiestan, que eso debe ser pecado mortal. Con banderas españolas, contra socialistas malosos, separatistas catalanes y filoterroristas. Por lo menos ahora no salen por la noche con cadenas a la caza del rojo. Eso que hemos ganado todos.
Hace treinta años la derecha española estaba absolutamente desprestigiada. El estigma de la dictadura la persiguió durante años. Así que no es de extrañar el éxito de las fuerzas de oposición antifranquista tan pronto como tuvieron oportunidad de tomar velocidad de crucero en un entorno medianamente democrático allá por los primeros ochenta. Luego vino el reflujo en forma de bigote. Nos referimos a Aznar, no nos sean malpensados. Y con él la demostración de que la derecha española tiene un concepto de la libertad cuando menos curioso. Reformas penales, ilegalizaciones y acoso judicial. Y para desayunar el día siguiente, Federico Jiménez Losantos, ese apóstol de la tolerancia.
Cabe preguntarse si queda algo del franquismo en este estado aparte del adefesio de Cuelgamuros, al que pomposamente llaman Valle de los Caídos. Se optó entonces por una reforma en lugar de la ruptura con la estructura franquista. Así que hay cosas que no han cambiado. Porque no hubo voluntad ni capacidad para hacerlo, que los tiempos no estaban para bromas.
Podríamos decir también que el ataque al....