Hacia una crisisLorenzo Bernaldo de Quirós20/10/05
La economía española mantiene su dinamismo en un contexto europeo de relativo estancamiento. El extenso período expansivo iniciado en 1996 continúa, si bien la emergencia de un abultado déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente pone de manifiesto la realidad de un país que vive por encima de sus posibilidades y refleja una alarmante pérdida de competitividad que interrumpirá antes o después el crecimiento. Ni una sola medida del Gobierno permite esperar que esa situación se corregirá. Fuera del euro, el desequilibrio inflacionario y el exterior ya hubiesen desembocado en una crisis cambiaria y en un alza de las tasas de interés con un fuerte impacto contractivo sobre la actividad productiva y el empleo.
La brutal expansión del crédito al sector privado alimentada por unos bajísimos tipos de interés no tiene su origen en la existencia de una elevada tasa de ahorro, que haya incrementado el volumen de fondos prestables, sino en una actuación monetaria muy expansiva por parte del BCE que lo es más en España porque las tasas de interés son inferiores a la inflación. Ello ha generado una fuerte inversión en determinados sectores, el inmobiliario durante los últimos años y el de bienes de equipo ahora, y ha favorecido también un excesivo endeudamiento de las familias. Desde esta perspectiva se están produciendo decisiones de consumo y de inversión erróneas. No se asientan sobre factores económicos reales y, por tanto, resultarán insostenibles cuando las condiciones monetarias se endurezcan. Aunque resulte paradójico, cuanto más tarde en verificarse esa decisión, mayor será el coste del ajuste en términos de producción y de puestos de trabajo.
En este marco, la fragilidad del momento económico español es muy preocupante. Bastará una ligera subida de las tasas de interés o, lo que es lo mismo, la expectativa de que la arcadia feliz del dinero barato ha terminado para que las empresas y las familias recorten el consumo y la inversión. Incluso un alza moderada de tipos es probable que produzca una sobre reacción, esto es, caídas de la demanda interna más agudas de lo
"justificable" dada la dimensión de los excesos acumulados. Si además, esa situación se ve acompañada por un entorno político-institucional que crea incertidumbres adicionales, la crisis puede ser mucho más rápida e intensa de lo previsto. En este contexto, las expectativas de los agentes económicos se pueden deteriorar a un ritmo y con una intensidad mucho más potentes que las previsibles.
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